IGP alerta: Lima, Ica y Áncash concentran mayor energía sísmica

El Perú vuelve a mirar al subsuelo con preocupación. El jefe del Instituto Geofísico del Perú (IGP), Hernando Tavera, advirtió que Ica, Lima y Áncash concentran la mayor cantidad de energía sísmica acumulada en la costa central y, por ello, presentan una elevada probabilidad de enfrentar en algún momento un terremoto significativo.

No significa que la ciencia pueda decir qué día ocurrirá. Pero sí significa algo suficientemente serio: el país conoce dónde está una de sus mayores amenazas y ya no puede alegar sorpresa cuando llegue el siguiente sismo devastador.

El estudio del IGP identifica frente a la costa central una extensa zona donde se viene acumulando esfuerzo tectónico. Esa información explica por qué los simulacros nacionales ya consideran escenarios de magnitud 8,8, cuando hace una década se trabajaba principalmente con hipótesis de 8,0.

El sismólogo César Jiménez Tintaya añadió un dato aún más inquietante: la región central acumula energía desde el megaterremoto de 1746. Los terremotos de 1940, 1966, 1974 y 2007, todos de considerable magnitud, habrían liberado en conjunto aproximadamente solo el 20% de esa energía acumulada. Bajo ese escenario, podría producirse un evento de entre 8,5 y 8,8.

La advertencia debería provocar algo más que otro simulacro de veinte minutos. Un terremoto superficial frente a la costa central podría combinar movimientos verticales y horizontales capaces de comprometer seriamente edificaciones vulnerables. Si el epicentro se ubica en el mar, además, existiría riesgo de tsunami.

Y allí aparece la contradicción peruana: conocemos el riesgo, pero seguimos construyendo sobre suelos vulnerables, tolerando viviendas informales, postergando reforzamientos estructurales y permitiendo que hospitales, colegios y edificios públicos funcionen sin suficiente preparación.

El problema no es que el terremoto avise poco. El problema es que nosotros llevamos décadas avisados.

El Gobierno, los municipios y las regiones deben convertir la información científica en decisiones concretas: fiscalización de construcciones, reforzamiento de infraestructura crítica, rutas de evacuación operativas, sistemas de alerta y educación permanente.

Reflexión final
Ica, Lima y Áncash no necesitan alarmismo; necesitan prevención seria. Un sismo de 8,8 no se enfrenta con discursos posteriores ni declaratorias de emergencia improvisadas. Se enfrenta antes, cuando todavía hay tiempo para reforzar edificios, ordenar ciudades y preparar a la población. La naturaleza puede ser imprevisible; la negligencia, en cambio, es perfectamente identificable. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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