Gabinete expone ante el Congreso, pero vuelve a omitir al deporte

El gabinete ministerial expuso ante el Congreso la política general del Gobierno y el deporte volvió a desaparecer del mapa. No hubo una propuesta central, una hoja de ruta, una reforma estructural ni una señal política que permita creer que existe conciencia sobre la crisis del sistema deportivo nacional. El silencio sería menos grave si el sector funcionara. Pero ocurre exactamente lo contrario: falta planificación de largo plazo, sobran improvisaciones, persisten cuestionamientos de gestión y no existe una política nacional suficientemente articulada que conecte deporte escolar, formación de menores, alto rendimiento, salud, infraestructura, ciencia y descentralización. Cuando un sistema está deteriorado y el Gobierno ni siquiera lo incorpora entre sus prioridades, la indiferencia deja de ser descuido y empieza a parecer una decisión política.

La omisión tampoco es nueva. En el mensaje presidencial de Keiko Fujimori, el deporte tampoco ocupó un lugar relevante. Ahora el gabinete repite la misma ausencia. Dos escenarios institucionales de máxima importancia y ninguna visión integral sobre formación de niños, entrenadores, infraestructura, medicina deportiva, tecnología, competiciones de base, alto rendimiento o masificación. No hablar del deporte también comunica una prioridad: ninguna. Y esa señal resulta especialmente grave en un país donde miles de niños abandonan la práctica deportiva por falta de oportunidades, infraestructura, profesores capacitados o apoyo económico.

El problema se agrava con el retorno de Óscar Fernández al IPD. Fernández ya dirigió la institución y su gestión terminó en 2018 después de cuestionamientos periodísticos por contrataciones vinculadas al entorno de su esposa. Él sostuvo entonces que se trataba de profesionales de confianza. Su regreso no puede considerarse de inmediato un fracaso en el futuro, pero necesita una explicación política más fuerte: ¿qué resultados claros, qué nueva experiencia y qué garantías de transparencia hacen que sea válido volver a poner en el máximo organismo deportivo a alguien cuya gestión anterior fue polémica?

Ese parece ser uno de los vicios recurrentes del sistema político peruano: cambiar el discurso, reciclar los nombres y conservar los mismos problemas. Mientras tanto, el deporte continúa administrándose como una suma de eventos, cargos, subvenciones y fotografías oficiales, en lugar de convertirse en una política nacional de desarrollo humano.

Y allí está la gran contradicción. El deporte no es únicamente competencia, medalla o espectáculo. Es salud preventiva, educación, disciplina, inclusión, integración territorial, reducción de conductas de riesgo y oportunidad para miles de niños. Los países que lo comprenden invierten desde la base y planifican durante décadas. El Perú, en cambio, suele recordar al deporte cuando hay una inauguración, una delegación o una ceremonia que puede producir rédito político inmediato.

También preocupa la ausencia de una política deportiva que sobreviva a los gobiernos. Cada administración debería recibir objetivos nacionales ya establecidos: número de niños incorporados al deporte, entrenadores certificados, infraestructura operativa, talentos identificados, resultados internacionales, inversión regional y mecanismos de control. Sin continuidad, cada presidente vuelve a empezar y cada generación termina pagando la improvisación anterior.

El país no necesita cinco años más de administración rutinaria, cargos reciclados y discursos sin contenido deportivo. Necesita un plan nacional con metas, presupuesto, responsables, indicadores públicos, controles y continuidad. Necesita formar niños, profesionalizar entrenadores, descentralizar oportunidades y vincular el deporte con educación y salud.

Reflexión final
Lo más preocupante no es que el Gobierno haya hablado poco de deporte. Es que parece no tener una visión clara que explicar. Y un gobierno sin visión deportiva condena al país a seguir improvisando, perdiendo talentos y esperando que algún próximo presidente comprenda que el deporte también es política social y desarrollo humano.

Cinco años pueden pasar rápido para un ministro o para un funcionario. Para un niño que hoy tiene diez años, puede significar perder para siempre la oportunidad de convertirse en deportista.

Ese debería ser el verdadero escándalo: no solo que el deporte haya quedado fuera del discurso, sino que otra generación pueda quedar fuera del sistema. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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