Keiko Fujimori recicla funcionarios y repite los vicios del poder

Keiko Fujimori llegó al Gobierno prometiendo orden, gobierno competente y meritocracia. La expectativa era que, después de años de improvisación y funcionarios cuestionados, el país vería una renovación real del aparato estatal. Se suponía que habría cuadros técnicos, especialistas con trayectoria y una ruptura clara con los estilos de Pedro Castillo, Dina Boluarte, José Jerí y José Balcázar.

Pero las primeras decisiones empiezan a revelar algo mucho menos novedoso: el mismo sistema con otros colores. En lugar de una renovación profunda, aparecen nombres reciclados de administraciones anteriores, funcionarios cuestionados, cuadros que ya ocuparon cargos públicos y personajes cuya designación genera más dudas que confianza. La política arcaica cambia de camiseta, pero conserva el mismo método: acomodar, reciclar y repartir.

El caso de Óscar Fernández en el Instituto Peruano del Deporte resume esa contradicción. No es un desconocido ni un técnico que llegue por primera vez a demostrar capacidad. Ya estuvo en el sistema, ya fue cuestionado y su retorno ha provocado rechazo en sectores del deporte nacional. Si el objetivo era demostrar meritocracia, el mensaje resulta exactamente el contrario.

La pregunta es inevitable: ¿dónde están los nuevos cuadros que el fujimorismo aseguró tener preparados? Durante años, Fuerza Popular criticó con dureza a otros gobiernos por colocar funcionarios sin perfil, por improvisar designaciones y por repartir cargos entre aliados. Ahora, desde el poder, empieza a repetir aquello que denunció desde la oposición.

Eso tiene un nombre político: incoherencia.
No se trata de afirmar que toda persona con experiencia previa en el Estado deba quedar excluida. El problema aparece cuando la experiencia se convierte en una excusa para reciclar figuras cuestionadas, cuando no existen concursos, evaluaciones públicas ni explicaciones convincentes sobre por qué determinado funcionario se eligió frente a otros profesionales.

También preocupa la presencia de personajes vinculados a fuerzas políticas que perdieron respaldo electoral, pero conservan presencia dentro del Estado. Eso alimenta una sospecha legítima: ¿estamos ante meritocracia o ante pago de favores, alianzas y cuotas de poder?

La ciudadanía no tiene por qué adivinarlo.
Desde La Caja Negra sostenemos que el Gobierno debe transparentar los criterios de cada designación crucial. Hoja de vida, antecedentes, experiencia, evaluación técnica y razones de selección deberían ser públicas antes de asumir cargos estratégicos.

Porque un puesto público no es premio de campaña ni recompensa por lealtad política.
Keiko Fujimori todavía puede corregir el rumbo. Pero si continúa reciclando funcionarios, repartiendo espacios entre aliados y justificando nombramientos polémicos, terminará pareciéndose demasiado rápido a los gobiernos que prometió superar.

Reflexión final
La política peruana tiene una extraordinaria capacidad para cambiar de discurso sin cambiar de práctica. El problema no es que regresen funcionarios conocidos. El problema es que regresen los mismos vicios que el nuevo Gobierno juró desterrar.

Si la meritocracia fue solo una frase electoral, entonces no estamos ante una renovación del Estado. Estamos ante el mismo reparto de siempre, esta vez con nuevo membrete. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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