África está experimentando una transformación geológica capaz de modificar, dentro de varios millones de años, la configuración del planeta. Nuevos estudios sobre el Rift de Turkana, ubicado entre Kenia y Etiopía, indican que la corteza terrestre se ha adelgazado hasta alcanzar una etapa avanzada de fragmentación. El proceso podría dividir parcialmente el continente y permitir el nacimiento de un nuevo océano.
La separación se produce en el sistema del Rift de África Oriental, donde las placas Nubia y Somalí se desplazan lentamente en direcciones opuestas. La investigación, basada en información sísmica de alta resolución y registros del subsuelo, encontró que la corteza situada bajo el eje de la grieta tiene aproximadamente 13 kilómetros de espesor. En sus bordes, en cambio, supera los 35 kilómetros.
Esta diferencia revela que Turkana atraviesa una fase conocida como necking o estrechamiento. En ella, las fuerzas tectónicas estiran la corteza, concentran la deformación y reducen progresivamente su resistencia. Según los investigadores, esta etapa habría comenzado hace unos cuatro millones de años.
El hallazgo permite afirmar que el proceso está más avanzado de lo calculado anteriormente, pero no justifica hablar de una ruptura inminente. La grieta crece con extraordinaria lentitud, comparable al ritmo de crecimiento de las uñas de los pies. Por ello, la separación completa todavía requerirá varios millones de años.
Si la evolución continúa, la corteza continental podría volverse suficientemente delgada para permitir el ascenso de materiales del manto. Entonces comenzaría la formación de nueva corteza oceánica. La depresión resultante podría llenarse de agua y convertirse, con el tiempo, en una cuenca conectada con el océano Índico. La región de Afar ya presenta señales incipientes de esta denominada oceanización.
El estudio también aporta una nueva perspectiva sobre los abundantes fósiles de homininos encontrados en Turkana. La actividad tectónica habría generado mayores espacios para acumular sedimentos y conservar restos durante millones de años. Esto no significa que la geología impulsara directamente la evolución humana, pero sí que pudo favorecer la preservación del valioso registro paleoantropológico regional.
Turkana constituye un laboratorio natural excepcional para observar cómo un continente comienza a fragmentarse. Su estudio permite comprender procesos que normalmente solo pueden reconstruirse cuando ya terminaron.
Reflexión final
Los mapas parecen representar territorios permanentes, pero la Tierra nunca permanece inmóvil. África no se dividirá mañana; sin embargo, la grieta recuerda que incluso los continentes forman parte de una historia dinámica, lenta y todavía inconclusa. (Fotoilustración: lacajanegra.blog).
