“Vive el presente”: Una frase para hacernos tragar una mentira

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Nagra

“Vive el presente”, nos susurran las publicaciones con fotos de atardeceres, tipografía cursi y hashtags como #Gratitud o #Mindfulness. Es el consejo más barato y más caro al mismo tiempo: barato, porque lo repiten como paporreta sin entenderlo; caro, porque en el Perú, vivir el presente puede costarte el trabajo, la salud, la paciencia o la vida. Y es que, en esta tierra donde cada día se supera en absurdos, vivir el presente es un acto de heroísmo o, peor aún, de resignación. Porque aquí el presente no es precisamente un spa con velas aromáticas: es más bien una montaña rusa sin frenos conducida por políticos miopes.

“Vive el presente”, te dicen, como si el presente fuera digno de enmarcar. Pero ¿cómo se vive el presente en un país donde cada mañana amanece con un nuevo escándalo político?. Sales de tu casa y, mientras te comes tu pan con mantequilla, el noticiero te anuncia que otro congresista fue pillado blindando a su “hermano del alma”, que la presidenta no sabe dónde está parada, o que algún ministro acaba de renunciar en pleno TikTok. Vivir el presente aquí significa desayunar un menú de indignación constante.

En seguridad ciudadana, vivir el presente es un deporte extremo. Sales con celular y esperanza, pero vuelves con trauma y denuncia policial. Aquí “vive el presente” significa mirar para todos lados, caminar rápido, desconfiar de cada sombra y rogar que hoy no sea tu día de suerte… para los delincuentes. Y si algo pasa, siempre está la frase mágica: “la policía está investigando”. En un futuro incierto, claro. Mientras tanto, vive el presente.

En el transporte público, “vive el presente” es una tortura zen. Porque nada te conecta más con el “aquí y ahora” que estar parado en un bus, aplastado contra desconocidos, sudando mientras el chofer escucha reguetón a todo volumen. Aquí, mindfulness no es meditar: es sobrevivir a cada bache, cada frenazo y cada cobrador que grita “¡Avanza, chofer!”. Sí, vivimos el presente… y quisiéramos no estarlo haciendo.

¿Y en salud?. Vivir el presente es estar en una cola de madrugada para conseguir una cita médica que te darán para dentro de tres meses. Es esperar sentado en una banca rota mientras la enfermera repite que “no hay reactivos”. Es preguntarte si sobrevivirás lo suficiente para alcanzar el dichoso turno. Aquí, el presente no se vive: se padece. Y si reclamas, te dicen: “tranquilo, respira. Vive el presente”. Claro, como si la respiración profunda curara el cáncer o cerrara heridas de bala.

En educación, “vive el presente” significa niños y adolescentes que empiezan clases en aulas improvisadas, sin materiales y sin profesores. Significa miles de jóvenes que estudian para un futuro que nunca llega porque el presente los obliga a trabajar para sobrevivir. Pero oye, “vive el presente”, repiten. Qué gran consejo… siempre que no seas el estudiante que camina horas para llegar a su escuela sin luz ni agua.

Y mientras tanto, los políticos también se cuelgan de la frase. “Vive el presente”, dicen, mientras legislan para ellos mismos y blindan a sus compadres. Porque para ellos, el presente está más que asegurado: sueldos altos, viáticos generosos y blindaje legislativo. Ellos sí que viven el presente… a todo lujo.

“Vive el presente” se ha convertido en un placebo colectivo para hacernos tragar la mediocridad institucional y la injusticia cotidiana. Sirve para callar protestas, para maquillar la ineficiencia, para convencernos de que resignarnos es una virtud. En lugar de construir un presente digno, nos venden la idea de aceptarlo tal cual, como si la indignación fuera mala educación y la esperanza de cambio, una locura.

Reflexión final
Quizás ha llegado la hora de reinterpretar la frase. No se trata de ignorar el presente, sino de exigir que sea vivible. De luchar para que no sea solo sobrevivencia. De no tragarnos discursos de conformismo mientras otros se enriquecen saqueando el futuro. Porque, sí, hay que vivir el presente… pero también hay que construirlo. Y en este país, eso significa denunciar, exigir, resistir. Porque si no hacemos nada, nuestro presente seguirá siendo ese lugar oscuro y precario donde solo los poderosos viven… y los demás, apenas sobreviven.

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