En el Perú del 2025, ya no gobierna el Ejecutivo ni legisla el Congreso. Gobiernan otros: los extorsionadores que cobran cupos con balas, las mafias de la minerÃa ilegal que arrasan los bosques como si fueran suyas, los carteles del narcotráfico que han colonizado regiones enteras, y la impunidad que todo lo cubre como neblina tóxica. Mientras tanto, la presidenta Dina Boluarte —la mandataria más impopular del planeta con apenas 3% de respaldo— y el Congreso más blindado de la historia siguen respirando polÃticamente solo con la ilusión de llegar, arrastrándose, al 28 de julio de 2026. Sobreviven. Pero el paÃs, cada dÃa, muere un poco más.
Lo que se avecina no es simplemente un ciclo de protestas o una ola pasajera de indignación: es una advertencia. Un campanazo que retumba desde los Andes hasta la AmazonÃa. Tres paros nacionales de transportistas están en agenda. Y no son solo gremios reclamando combustible más barato: son regiones enteras exigiendo seguridad, respeto, atención. Porque hoy en el Perú no se vive: se esquiva. Se esquiva al extorsionador, al sicario, al cobrador de cupo. Se vive en estado de sospecha. Y lo peor es que ni el Estado ni sus instituciones parecen mÃnimamente interesados en ofrecer respuestas.
La presidenta Boluarte sigue sin rumbo, sin brújula, sin voz. Sobrevive en modo avión. No hay plan de crisis, no hay estrategia de mitigación, no hay liderazgo. El Congreso, por su parte, se ha especializado en blindar corruptos, negociar favores, fabricar leyes con nombre propio y acomodar allegados en cargos públicos. Mientras tanto, los indicadores de criminalidad suben, los niveles de inversión caen, la minerÃa ilegal asfixia al Estado y la economÃa informal se convierte en la única tabla de salvación para millones.
El puerto de Chancay avanza como sÃmbolo de futuro, pero en las provincias no hay carreteras ni caminos asfaltados para llegar hasta allÃ. ¿Cómo pretende el paÃs exportar desarrollo si ni siquiera puede garantizar una vÃa segura para llevar una carga de mango sin perderla en el lodo o en una emboscada extorsiva?. ¿Cómo hablar de competitividad global si los agricultores deben pagar cupos para transportar sus productos y muchos emprendedores cierran sus negocios para no pagarle al crimen organizado?.
El descontento popular no es ideológico. Es cotidiano. Es desesperado. Ya no se protesta por ideologÃas, se protesta por miedo, por rabia, por abandono. Y si este fuego social se convierte en incendio, no lo apagará ninguna campaña electoral.
El Perú necesita más que discursos vacÃos. Requiere un verdadero plan de emergencia nacional, uno que afronte la inseguridad con estrategia, no con comunicados. Que promueva reactivación económica con inversión, no con slogans. Que escuche a las regiones antes de que bloqueen sus caminos. El tiempo no juega a favor de Boluarte ni del Congreso: cada dÃa perdido es un dÃa más cerca del colapso.
Quedan 365 dÃas. Y la cuenta regresiva no espera. El paÃs ya no está cayendo: se ha lanzado al abismo con los ojos cerrados. Pero aún es posible abrir el paracaÃdas del liderazgo, del consenso, de la acción. Si la presidenta y los congresistas realmente desean dejar algo más que escándalos como legado, es ahora o nunca. Porque cuando la población decide que ya no tiene nada que perder, el sistema polÃtico tampoco tiene nada que ofrecer. Y lo que viene después ya no es democracia: es vacÃo.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
