Jorge Nieto y su nueva postura: «Los invitamos a viciar su voto»

Jorge Nieto ha lanzado una frase que incomoda a la política tradicional: “Los invitamos a viciar su voto”. Su postura no aparece como una ocurrencia electoral, sino como una respuesta crítica frente a una segunda vuelta que, según su lectura, no ofrece al país una salida responsable ni esperanzadora.

El Partido del Buen Gobierno ha pedido a sus militantes y simpatizantes escribir en la cédula: “Queremos un buen gobierno”. La frase parece sencilla, pero encierra una acusación profunda: millones de ciudadanos sienten que la política peruana les exige votar por descarte, por miedo o por resignación.

Viciar el voto no significa abandonar la democracia. Es una forma válida de expresar rechazo cuando las opciones disponibles no representan al elector. Lo grave no es que exista voto viciado; lo grave es que pueda crecer porque amplios sectores del país no encuentran una candidatura capaz de generar confianza.

En ese escenario, la votación viciada podría convertirse en un fenómeno político inminente. Si alcanza niveles decisivos, incluso cercanos al 66%, abriría el debate sobre una nueva elección y, con ella, una nueva oportunidad para que los ciudadanos exijan opciones más serias, responsables y conectadas con las urgencias reales del país.

Nieto sostiene que tanto Keiko Fujimori como Roberto Sánchez representan la continuidad de la polarización. Y allí está el centro del problema: el Perú lleva años atrapado entre bandos que se acusan, se bloquean y se desgastan, mientras la inseguridad, la corrupción, la pobreza y la falta de servicios siguen golpeando a la ciudadanía.

La postura de Jorge Nieto obliga a abrir un debate necesario. No basta con decir que el voto viciado “no construye”. También habría que preguntarse qué han construido quienes gobiernan, legislan y prometen cada cinco años. Si la democracia se reduce a escoger entre alternativas que no entusiasman, algo está profundamente dañado.

Reflexión final
El voto viciado no debe celebrarse como solución mágica, pero tampoco debe despreciarse como capricho. Es un síntoma democrático de protesta. Y cuando un país empieza a mirar esa opción con seriedad, el mensaje es claro: el problema no está solo en la cédula marcada, sino en una clase política que hace tiempo dejó en blanco la esperanza. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

Lo más nuevo

Artículos relacionados