Reelegir congresistas cuestionados es un caso sociológico

La reelección de ciertos congresistas en el Perú no solo resulta increíble: es un caso digno de estudio sociológico. Después de uno de los congresos más cuestionados de la historia reciente, que algunos parlamentarios hayan encontrado nuevamente respaldo ciudadano revela una crisis más profunda que la política: una crisis de memoria, criterio y responsabilidad electoral.

Los congresistas reelectos no pueden presentarse como víctimas de la crítica pública. Muchos han formado parte de un Parlamento marcado por blindajes, reformas convenientes, enfrentamientos estériles, intereses particulares y una desconexión alarmante con los problemas reales del país. Mientras la ciudadanía enfrenta inseguridad, desempleo, hospitales colapsados y educación debilitada, buena parte del Congreso ha parecido más preocupada por protegerse que por servir.

Pero la crítica no puede detenerse en los reelectos También debe alcanzar a quienes votaron por ellos. Porque una cosa es equivocarse una vez; otra muy distinta es insistir en el error con la papeleta en la mano. Votar por congresistas cuestionados, investigados o políticamente desgastados no es un acto inocente: es una forma de complicidad cívica, aunque se disfrace de simpatía partidaria, costumbre familiar, fanatismo o mera desinformación.

Resulta mordazmente irónico que muchos ciudadanos insulten al Congreso en redes sociales, se indignen con sus decisiones y luego terminen respaldando a los mismos nombres que contribuyeron al descrédito institucional. Es como quejarse del incendio y volver a contratar al mismo responsable de apagarlo con gasolina.

La reelección de parlamentarios cuestionados demuestra que el problema peruano no es solo la oferta política; también es la demanda electoral. Los partidos presentan candidatos reciclados porque saben que aún hay votantes dispuestos a premiar el ruido, el clientelismo, la promesa simplista o el apellido conocido. La memoria política en el Perú parece tener menos duración que una tendencia digital.

Un Congreso deteriorado no se construye solo desde las curules. También se construye desde las urnas. Los reeligidos cargan responsabilidad por su desempeño, pero los votantes que los premiaron también deben asumir el costo moral de su decisión.

Reflexión final
Si el Perú quiere un Parlamento distinto, debe dejar de votar como si la indignación no tuviera consecuencias. La democracia no fracasa únicamente por malos políticos; también fracasa cuando una parte del electorado decide olvidar, justificar o premiar aquello que después dice rechazar. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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