Alianza Para el Progreso evalúa cambiar de nombre tras su derrota electoral. La decisión busca mostrar renovación, pero el problema de APP no parece estar en el rótulo, sino en su historia, sus prácticas y la percepción ciudadana.
César Acuña obtuvo apenas 1.150% de votos en la primera vuelta, con 192,516 electores. APP no consiguió curules en el Parlamento y perdió su inscripción ante el Registro de Organizaciones Políticas. Ese resultado no es un tropiezo menor: es un mensaje político contundente.
Ahora, Humberto Acuña anuncia una reestructuración, evalúa un cambio de nombre y promete que ningún integrante de la familia Acuña tendrá presencia visible en la nueva dirigencia nacional. Suena a renovación, pero también a operación de maquillaje político. Cambiar el nombre no cambia automáticamente la memoria pública.
APP nunca logró consolidarse como un partido con ideología clara, doctrina reconocible o proyecto nacional sólido. Durante años fue percibido como una maquinaria electoral alrededor de una familia, con recursos, operadores y ambición de poder, pero sin una identidad política capaz de convencer al país.
El propio Humberto Acuña reconoció errores: no deslindar del cogobierno, ocupar la Mesa Directiva del Congreso durante tres años, tener presencia en ministerios cuestionados y cargar con el impacto de casos como los “mochasueldos”. Ese reconocimiento llega tarde, cuando el electorado ya pasó factura.
La política peruana no necesita partidos que solo cambien de nombre cuando pierden. Necesita organizaciones con democracia interna, ética pública, formación política, rendición de cuentas y cuadros capaces de representar algo más que intereses electorales.
Si APP pretende regresar con otro nombre, tendrá que demostrar que no se trata de la misma estructura con diferente fachada. La ciudadanía ya no compra tan fácilmente los discursos de renovación cuando detrás persisten los mismos rostros, métodos y silencios.
Reflexión final
Un partido no se reconstruye cambiando el logo, ocultando apellidos o buscando una nueva etiqueta. Se reconstruye con autocrítica real, transparencia y ruptura con las prácticas que lo llevaron al rechazo ciudadano. Si APP cree que puede lavarse la cara sin cambiar el fondo, volverá a encontrar en las urnas la misma respuesta: desconfianza. (Foto ilustración: lacajanegra).
