La movilidad eléctrica avanza en el Perú, pero también avanza el desorden. Motos, trimotos y scooters aparecen cada vez más en calles y veredas, muchas veces sin placa, sin SOAT, sin licencia y sin respeto por el peatón. La alerta de la Asociación Automotriz del Perú debe tomarse en serio: no todo vehÃculo eléctrico es un simple medio de movilidad personal.
El problema es claro: se ha instalado la idea cómoda de que lo eléctrico es automáticamente informal, libre y sin obligaciones. Nada más peligroso. Una moto eléctrica o una trimoto eléctrica, por sus caracterÃsticas técnicas, es un vehÃculo automotor. Si supera los 25 km/h o puede transportar a más de una persona, requiere placa de rodaje, tarjeta de identificación vehicular, SOAT y licencia de conducir.
Eso no es exageración burocrática. Es responsabilidad mÃnima. Si un vehÃculo puede causar daño, debe estar identificado. Si circula por la vÃa pública, debe tener seguro. Si es conducido entre peatones, autos, ciclistas y pasajeros, quien lo maneja debe conocer reglas básicas de tránsito. La tecnologÃa no puede ser una coartada para circular sin control ni una licencia simbólica para evadir responsabilidades.
También preocupa el abuso en las veredas. Los scooters y monopatines eléctricos no deben invadir el espacio peatonal. La vereda es para caminar, no para esquivar vehÃculos silenciosos que aparecen por detrás y exigen paso como si tuvieran derecho preferente. Los más afectados son siempre los mismos: niños, adultos mayores y personas con discapacidad, quienes terminan pagando el costo de una modernidad mal ordenada.
El Estado, una vez más, llega tarde. Se habla de sostenibilidad, transporte limpio y ciudades inteligentes, pero se fiscaliza poco y se educa menos. AsÃ, la ciudad termina convertida en una pista improvisada donde cada conductor interpreta la norma según su apuro. La ausencia de autoridad no promueve innovación; promueve abuso.
La movilidad eléctrica es positiva si se ordena. Placa, SOAT y licencia no son trabas contra el progreso; son garantÃas básicas para proteger vidas, evitar accidentes y establecer responsabilidades. Quien circula en la vÃa pública debe asumir que comparte espacio con otros ciudadanos.
Reflexión final
Una ciudad moderna no se mide por cuántos vehÃculos eléctricos circulan, sino por cuánto respeta a sus peatones. Porque sin reglas, fiscalización y responsabilidad, la movilidad sostenible deja de ser progreso y se convierte en caos con baterÃa. (Foto ilustración: lacajanegra).
