CPI: Keiko 32,5%, Sánchez 29,1% y voto blanco/viciado sube a 22,6%

La última encuesta nacional de CPI no solo muestra una segunda vuelta fragmentada entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Muestra algo más incómodo para el poder: el voto en blanco y viciado sube a 22,6% y se convierte en una señal política de alarma. No es un dato menor. Es el síntoma de una ciudadanía cansada, desconfiada y cada vez menos dispuesta a entregar legitimidad por obligación.

La cifra golpea porque revela que casi uno de cada cuatro electores consultados prefiere no respaldar a ninguno de los dos candidatos. Mientras Fujimori aparece con 32,5% y Sánchez con 29,1%, el bloque blanco/viciado ya ocupa un espacio decisivo en la elección. No gobierna, no debate, no promete; pero expresa algo que los políticos suelen fingir que no escuchan: rechazo.

El problema no es solo electoral. Es moral e institucional. Si el voto blanco y viciado crece, es porque muchos ciudadanos no ven esperanza en la cédula, sino resignación. La política peruana ha normalizado el chantaje del “mal menor”, como si el elector estuviera condenado a escoger entre opciones que no lo convencen. Esa no es una democracia saludable; es una democracia fatigada.

A ello se suma un factor aún más grave: la desconfianza hacia los organismos electorales. Según CPI, 48,7% no confía en la imparcialidad del JNE para la segunda vuelta, mientras que 69,3% no confía en la imparcialidad de la ONPE en el conteo de votos. Con esos niveles de sospecha, el proceso no solo necesita legalidad; necesita credibilidad, transparencia y señales firmes de limpieza institucional.

El voto blanco o viciado es legal, democrático y está amparado por las reglas electorales peruanas. No es irresponsabilidad. No es apatía. Es una forma legítima de protesta cuando el ciudadano considera que ninguna candidatura representa sus convicciones. En democracia, elegir es un derecho; rechazar también lo es.

Si los votos blancos y nulos superaran los dos tercios de los votos emitidos, se abriría la posibilidad de anular la elección y convocar a un nuevo proceso. Alcanzar ese 66,6% es difícil, pero el solo crecimiento del voto de rechazo debería bastar para que Fujimori, Sánchez y todo el sistema político entiendan la magnitud del hartazgo.

La Caja Negra sostiene que el país no está frente a una mera disputa entre dos candidaturas. Está frente a una crisis de representación. La ciudadanía está cansada de corrupción, desgobierno, abusos, indiferencia, inseguridad y discursos vacíos. Está cansada de políticos que aparecen en campaña prometiendo moral pública y desaparecen en el poder administrando conveniencias.

Ficha técnica
Encuestadora: CPI Research.
Ámbito: Perú urbano y rural.
Fecha de campo: 26 al 28 de mayo de 2026.
Muestra: 1.200 entrevistas presenciales.
Margen de error nacional: ±2,8%.
Nivel de confianza: 95,5%.
Registro JNE: N.° 00470-REE/JNE.

Reflexión final
El voto blanco y viciado no es el enemigo de la democracia. Es el espejo de una democracia que dejó de convencer. Y cuando el rechazo empieza a crecer más rápido que la esperanza, el poder debería preocuparse menos por ganar y más por entender por qué tantos ciudadanos ya no quieren creer.

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