Nieve, frío y abandono: el Perú altoandino vuelve a sufrir

Cada año, cuando la nieve cubre la sierra, el Perú oficial parece descubrir que existen pueblos por encima de los 3,800 metros. El Senamhi alertó lluvias, nieve, granizo y aguanieve en la sierra centro y sur entre el 28 y 29 de mayo, con acumulados de hasta cinco centímetros y ráfagas cercanas a los 40 km/h. La naturaleza avisa; el Estado, como tantas veces, llega después, con comunicados, visitas rápidas y soluciones que suelen congelarse antes de llegar.

Las regiones afectadas —Puno, Arequipa, Ayacucho y Cusco— enfrentan bloqueos de vías, viviendas dañadas, vehículos varados y ganado expuesto al frío. En Arequipa, las lluvias intensas dejaron fallecidos tras el colapso de una vivienda en Huaynacota. En Puno, la carretera Juliaca-Cusco presentó tramos críticos por hielo y nieve. En Ayacucho, la granizada golpeó viviendas, calles y cultivos. En Cusco, lluvias, vientos fuertes y descargas eléctricas encendieron nuevamente la alarma.

El problema no es que nieve. El problema es que el país siga actuando como si cada helada fuera una sorpresa. Las alertas meteorológicas existen, los mapas de riesgo también, las comunidades vulnerables son conocidas y la economía ganadera altoandina depende de animales que no resisten eternamente el abandono. Pero año tras año se repite el mismo libreto: emergencia, declaratoria, fotos, ayuda tardía y promesas hasta que pase la temporada.

Mientras en Lima el frío es tema de conversación, en la sierra puede ser sentencia económica y humana. Un camino bloqueado no solo impide viajar; corta alimentos, atención médica, comercio y asistencia. Una vivienda precaria no solo se humedece; puede colapsar. Un rebaño afectado no es una estadística: es el ahorro, el trabajo y el sustento de una familia.

Defensa Civil recomienda reforzar viviendas, evitar zonas de riesgo y mantenerse alerta. Es necesario, pero insuficiente. La prevención no puede recaer únicamente sobre poblaciones que ya viven en condiciones difíciles. Se requiere mantenimiento de vías, abrigo para ganado, atención sanitaria, infraestructura resistente, información oportuna y respuesta rápida.

La nieve no discrimina, pero el abandono sí. Cuando el Perú altoandino vuelve a quedar aislado, no estamos ante una tragedia inesperada, sino ante una deuda conocida. Y una deuda repetida, cuando cuesta vidas, deja de ser descuido: se convierte en indiferencia institucional. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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