Más de 1,2 millones de reclamos contra operadoras de telefonía se registraron en 2025, según Osiptel. La cifra revela un malestar ciudadano profundo frente a servicios que prometen conexión, velocidad y cobertura, pero que demasiadas veces entregan cobros cuestionados, señal deficiente y atención agotadora.
En total, los usuarios presentaron 1.257.286 reclamos, un aumento de 11,56% respecto a 2024. El dato es preocupante porque las telecomunicaciones ya no son un lujo: son trabajo remoto, clases virtuales, emprendimientos digitales, pagos bancarios, seguridad familiar y comunicación diaria. Cuando falla el servicio, no solo se cae una llamada; se interrumpe parte de la vida cotidiana.
El principal motivo de reclamo fue facturación y cobros, con 502.944 casos, el 40% del total. Es decir, el mayor conflicto no está únicamente en la señal, sino en el bolsillo. Recibos con montos discutidos, cargos poco claros, promociones confusas y condiciones que el usuario muchas veces descubre cuando ya llegó la deuda. Las operadoras cobran con puntualidad, pero no siempre responden con la misma rapidez.
También se registraron 221.643 reclamos por calidad e idoneidad del servicio, 159.334 por incumplimiento de contratos, ofertas y promociones, y 119.175 por contrataciones no solicitadas. Esta última cifra debería hacer sonar todas las campanas: ningún ciudadano debería pelear para cancelar algo que nunca pidió.
El servicio móvil concentró 751.765 reclamos. Movistar lideró con 730.748 casos, el 58,12% del total. Le siguieron Entel, Claro y Bitel. La concentración de reclamos en una empresa exige algo más que explicaciones comerciales: requiere correcciones internas, fiscalización firme y sanciones que realmente desincentiven malas prácticas.
Más de 1,2 millones de reclamos contra operadoras de telefonía demuestran que el mercado aún tiene una deuda pendiente con sus usuarios. No basta vender planes atractivos ni llenar la publicidad de promesas digitales. Hay que cumplir, atender y respetar.
Reflexión final
Un país conectado no se construye solo con antenas, fibra óptica y aplicaciones. Se construye con confianza. Y cuando más de un millón de ciudadanos reclama, el mensaje es evidente: las operadoras deben dejar de mirar al usuario como cliente cautivo y empezar a reconocerlo como ciudadano con derechos. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
