Encuestas prohibidas: la campaña entra a su semana decisiva

Desde hoy, la difusión de encuestas electorales queda prohibida y la segunda vuelta ingresa a su tramo más delicado. Keiko Fujimori y Roberto Sánchez ya no podrán esconderse detrás del vaivén diario de los sondeos. Ahora deberán enfrentar una verdad más incómoda: el país llega al 7 de junio dividido, desconfiado y con un preocupante 21,3% de votos blancos o viciados que podría alterar cualquier cálculo político.

La restricción dispuesta por la legislación electoral no es un trámite menor. Quien incumpla la prohibición de publicar encuestas puede recibir multas de entre 10 y 100 UIT, es decir, entre S/ 55.000 y S/ 550.000. También se activan otras reglas: desde el viernes quedarán prohibidas las reuniones políticas; desde el sábado, la propaganda electoral; y regirá la ley seca hasta el lunes posterior a la votación.

Estas normas buscan ordenar el cierre de campaña, pero también revelan la fragilidad del momento. La última fotografía electoral muestra una competencia ajustada: Fujimori con ligera ventaja en votos válidos, Sánchez fuerte en el Perú rural y una enorme masa de ciudadanos que aún opta por blanco o viciado. Ese bloque no es decorativo. Es el síntoma más claro de una democracia que ofrece candidatos, pero no necesariamente confianza.

El país urbano, el interior y el Perú rural parecen votar desde realidades distintas. Lima inclina la balanza hacia Fujimori; el campo favorece a Sánchez; y en medio queda una ciudadanía que no se siente representada por ninguno. Ese mapa fragmentado no solo define una elección: anticipa un gobierno débil, gane quien gane, si no existe capacidad real de tender puentes.

Lo grave es que, a falta de encuestas públicas, la campaña puede llenarse de rumores, operaciones, encuestas clandestinas y propaganda disfrazada. Por eso el papel del JNE, los medios y la ciudadanía será clave. El silencio legal de los sondeos no debe convertirse en silencio crítico. Fiscalizar, contrastar y exigir propuestas sigue siendo una obligación democrática.

La prohibición de encuestas marca el inicio de la semana decisiva. Desde ahora, Fujimori y Sánchez ya no compiten contra números visibles, sino contra el rechazo, la incertidumbre y el voto de castigo.

Reflexión final
Cuando más de una quinta parte del electorado mira la elección con desconfianza, el problema no está en las encuestas. Está en una política incapaz de convencer sin asustar. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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