Sánchez cambia de equipo: improvisación en plena recta final

Roberto Sánchez presentó su nuevo equipo técnico y programa de gobierno en plena segunda vuelta, a pocos días de la elección. La puesta en escena busca transmitir solvencia, amplitud y capacidad de gestión. Sin embargo, el momento elegido deja una pregunta inevitable: ¿es renovación programática o una maniobra de urgencia para corregir debilidades que debieron resolverse mucho antes?

El candidato de Juntos por el Perú anunció a 124 integrantes de su equipo técnico y aseguró que el nuevo programa será el que aplicará en un eventual gobierno 2026-2031. En la mesa aparecieron nombres con experiencia política y técnica, como Pedro Francke, Hernando Cevallos, Anahí Durand, Manuel Rodríguez Cuadros y Gustavo Guerra García. La intención es evidente: mostrar músculo profesional donde antes había dudas, vacíos y desconfianza.

Pero en política, el calendario también comunica. Presentar un equipo técnico robusto recién en la fase final de la campaña no necesariamente transmite madurez; puede leerse como señal de improvisación. El país no necesita candidatos que armen su gabinete conceptual sobre la hora, sino proyectos que lleguen preparados desde el primer día. La ciudadanía ya está cansada de planes reescritos, alianzas de emergencia y discursos que prometen consensos cuando las encuestas aprietan.

Sánchez habló de un “nuevo pacto económico social”, de pueblos profundos, justicia, democracia y progreso. Son palabras necesarias, pero insuficientes. El Perú no se gobierna solo con épica ni con frases de reivindicación. Se gobierna con claridad fiscal, seguridad jurídica, equipos coherentes y propuestas verificables. Más aún cuando crecen los votos blancos, viciados e indecisos como respuesta a la decepción ciudadana frente a una clase política que suele cambiar de rostro, pero no siempre de prácticas.

El episodio con Luis Miguel Castilla agrava la discusión. Sánchez ratificó una afirmación cuestionada sobre Pedro Francke, mientras el exministro lo desmintió duramente y evaluó acciones legales. En una campaña tan ajustada, la precisión no es un lujo: es una obligación. Quien aspira a gobernar debe cuidar cada dato, cada cita y cada palabra.

El nuevo equipo técnico puede darle aire a Sánchez, pero no borra las dudas acumuladas. Llegar tarde con nombres y programas no reemplaza la consistencia política.

Reflexión final
El Perú merece planes sólidos, no correcciones de última hora. Cuando un candidato cambia de libreto al final de la carrera, la ciudadanía tiene derecho a preguntarse si está viendo capacidad de mejora o simple desesperación electoral. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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