Fujimori y Sánchez: última recta entre ataques y promesas

Keiko Fujimori y Roberto Sánchez ingresan a la última recta electoral con más ataques que certezas. A pocos días de la segunda vuelta, ambos candidatos buscan convencer a un país dividido, desconfiado y saturado de discursos. Fujimori acusa a Juntos por el Perú de ser un “Frankenstein político”; Sánchez responde con mítines, promesas regionales y un nuevo equipo técnico que intenta mostrar solvencia. El problema es que la ciudadanía ya no se impresiona fácilmente.

Fujimori ha decidido cargar contra el nuevo plan de gobierno de Sánchez y contra su renovado equipo técnico. Lo llama “repartija” y cuestiona la presencia de figuras provenientes de distintas organizaciones. También insiste en vincularlo con Pedro Castillo y Antauro Humala, buscando instalar la idea de un proyecto hipotecado a sectores radicales. Es una estrategia clara: convertir el miedo en argumento electoral.

Pero Fujimori tampoco llega libre de sombras. Su candidatura arrastra un antivoto persistente, protestas en diversas regiones y una memoria política que vuelve cada vez que intenta presentarse como opción de estabilidad. Sus ataques pueden golpear a Sánchez, pero no necesariamente borran las preguntas pendientes sobre su propio historial político.

Sánchez, por su parte, intenta mostrarse como candidato de los pueblos profundos. En Cusco prometió reactivar el Gasoducto del Sur, recuperar el gas de Camisea, culminar Chinchero, ampliar Machu Picchu, subir el sueldo mínimo, mejorar la remuneración docente y ampliar programas sociales. La lista es ambiciosa, pero también despierta dudas legítimas: ¿cómo se financiará todo?, ¿con qué equipo?, ¿con qué estabilidad política?, ¿con qué garantías para no repetir improvisaciones recientes?

La última recta parece atrapada entre dos estilos conocidos: Fujimori apelando al temor frente al adversario y Sánchez ofreciendo un paquete de promesas que necesita más sustento que aplausos. Ambos hablan de país, pero el país espera algo más que frases de campaña. Quiere gobernabilidad, seguridad, economía seria, respeto institucional y una ruta clara para no seguir cayendo en la misma rueda de crisis.

Fujimori y Sánchez tienen pocos días para demostrar que pueden ser más que candidatos de rechazo. Uno no puede gobernar solo con miedo al otro. Tampoco se gobierna con promesas sin explicación técnica.

Reflexión final
La segunda vuelta no debería decidirse por quién asusta menos, sino por quién ofrece más confianza. Si la última recta se reduce a ataques y ofertas sin sustento, el verdadero ganador volverá a ser el desencanto ciudadano. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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