Copa América 2028: el torneo se vende al poder político

La posible designación de Estados Unidos como sede de la Copa América 2028 no es un simple trámite deportivo: es una señal de alarma. La CONMEBOL y la CONCACAF avanzan en negociaciones que colocan al mercado norteamericano como favorito absoluto, mientras Sudamérica observa cómo su torneo más antiguo empieza a perder domicilio, alma y pertenencia. El discurso será el de siempre: estadios modernos, ingresos históricos, televisión global y seguridad organizativa. Pero detrás de esa envoltura elegante aparece una pregunta incómoda: ¿la Copa América todavía pertenece al fútbol sudamericano o ya fue convertida en un producto que se alquila al mejor postor?

Estados Unidos tiene argumentos potentes. La Copa América 2024 dejó una recaudación millonaria, estadios llenos, gran impacto comercial y una vitrina de primer nivel. Además, el país cuenta con infraestructura mundialista, sedes modernas, aeropuertos, hoteles, tecnología, patrocinadores y una industria capaz de vender el fútbol como espectáculo global. En términos de negocio, la elección parece irresistible. En términos de identidad, resulta preocupante.

Porque la Copa América no nació para ser un evento decorativo en la agenda de los grandes mercados. Es el torneo de Sudamérica, con historia, rivalidades, memoria popular y una carga emocional que no se fabrica con pantallas gigantes ni entradas caras. Llevarla nuevamente a Estados Unidos puede multiplicar ingresos, pero también reducir su esencia a una operación financiera. El riesgo es claro: que la CONMEBOL termine administrando una tradición continental con mentalidad de franquicia.

Ecuador, por rotación y aspiración legítima, debía tener un espacio real en la discusión. Incluso se mencionaron ciudades como Quito, Guayaquil, Manta, Cuenca, Machala, Ambato, Riobamba y Salinas. Es cierto que existen dudas sobre infraestructura, transporte, seguridad y capacidad operativa. Pero ahí surge la crítica de fondo: ¿para qué sirve una confederación si no impulsa el desarrollo de sus propios países? ¿La solución siempre será correr hacia el mercado más rentable en lugar de fortalecer al continente que le da sentido al torneo?

También aparece la alternativa del Cono Sur, con Argentina, Uruguay y Paraguay, países vinculados al Mundial Centenario 2030. Esa opción tendría peso histórico, deportivo y simbólico. Sin embargo, el poder económico de Estados Unidos vuelve a inclinar la cancha. La pelota ya no rueda donde manda la historia, sino donde el negocio promete más.

El problema se agrava por el contexto. Estados Unidos ya concentra grandes eventos del fútbol internacional: Mundial de Clubes, Mundial 2026 y ahora suena nuevamente para la Copa América. A ello se suma la cercanía política y dirigencial que rodea a la FIFA, a Gianni Infantino y a los grandes centros de poder. No se trata de lanzar acusaciones sin pruebas, sino de exigir explicaciones. Cuando demasiadas decisiones apuntan hacia el mismo destino, la transparencia deja de ser un lujo y se vuelve una obligación.

La CONMEBOL debe responder con claridad. ¿Qué pesa más: la identidad sudamericana o la facturación? ¿La rotación histórica o la comodidad del mercado? ¿El desarrollo regional o el negocio inmediato? Si todo se decide en reuniones cerradas, con discursos de modernidad y cálculos comerciales, la sospecha será inevitable.

La Copa América 2028 no puede decidirse solo por ingresos, estadios y derechos de televisión. El dinero importa, pero no debe gobernar todo. Sudamérica necesita modernizarse, sí, pero no entregarse. Necesita mejores sedes, seguridad, infraestructura y organización, pero también dignidad institucional. Si la CONMEBOL renuncia a organizar su propio torneo en su propio continente, estará confesando algo grave: que prefiere cobrar lejos antes que construir en casa.

Reflexión final
El fútbol se desnaturaliza cuando sus torneos históricos dejan de responder a la identidad y empiezan a obedecer al mercado. La Copa América no puede convertirse en una sucursal del espectáculo norteamericano. Si el continente acepta resignado que su torneo viaje siempre donde hay más dólares, entonces no solo habrá perdido una sede: habrá perdido autoridad, memoria y respeto por su propia historia. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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