La FIFA de Gianni Infantino ya no solo quiere administrar el Mundial: ahora parece querer administrar también lo que jugadores y entrenadores pueden decir, pensar y denunciar. Según la información difundida por RPP, citando a The Athletic, el organismo analiza sancionar a quienes criticaron el Mundial 2026 por decisiones arbitrales, el caso Folarin Balogun y otros episodios que dejaron dudas públicas. La noticia es grave. No estamos ante una medida disciplinaria aislada, sino ante una señal autoritaria: si hablas, te investigan; si criticas, te castigan; si incomodas, te pasan la factura cuando termina la fiesta.
Infantino ha construido una FIFA que habla de unidad, respeto y desarrollo, pero que cada vez tolera menos la discrepancia. En la vitrina sonríe; en la interna, según estos reportes, prepara expedientes. Esa es la doble moral del poder deportivo moderno: exige aplausos, vende transparencia y luego amenaza a quienes se atreven a decir que algo huele mal. La crítica ya no sería vista como un derecho, sino como una falta. El fútbol, en manos de esta lógica, deja de ser una comunidad global y empieza a parecer una estructura de obediencia.
Los jugadores y entrenadores no son muñecos decorativos de un negocio multimillonario. Son los protagonistas del espectáculo. Ponen el cuerpo, la carrera, la reputación y la presión emocional en cada partido. Tienen derecho a cuestionar arbitrajes, decisiones confusas y manejos institucionales. Callarlos con posibles sanciones no protege al Mundial; protege a quienes no quieren rendir cuentas.
El caso Balogun y la polémica intervención política alrededor de una decisión deportiva abrieron preguntas legítimas. Cuando aparece una llamada de alto nivel, cuando se habla de presiones externas y cuando la FIFA responde con explicaciones que no convencen a todos, el deber institucional es aclarar, no intimidar. Pero Infantino parece preferir el anticuado método del poder: convertir la crítica en expediente y la duda en amenaza disciplinaria.
La señal se vuelve más preocupante si se suma otro episodio denunciado durante el torneo: la expulsión de un periodista paraguayo. Si una organización que administra el evento deportivo más importante del planeta empieza a incomodarse con preguntas, críticas o coberturas incómodas, el problema ya no es solo disciplinario. Es un síntoma de control informativo. Un Mundial no puede funcionar como una sala cerrada donde solo se permite aplaudir, repetir comunicados y mirar hacia otro lado. La prensa libre no es enemiga del fútbol; es una garantía mínima contra el abuso.
Lo más peligroso es el precedente. Hoy sancionarían a técnicos y jugadores por hablar del Mundial 2026. Mañana podrían perseguir a federaciones, árbitros, periodistas o dirigentes que cuestionen la caja, los contratos, las sedes, los impuestos, los espectáculos, los arbitrajes o la concentración de poder. Así empieza el deterioro democrático de una institución: no prohibiendo todo de golpe, sino castigando selectivamente a quienes se atreven a incomodar.
La FIFA no necesita más silencio; necesita más control, más auditoría, más transparencia y menos culto al presidente. Infantino no puede comportarse como dueño del fútbol mundial. El fútbol no le pertenece. No es su empresa privada, ni su escenario personal, ni su caja registradora emocional. Es patrimonio de millones de hinchas, jugadores, entrenadores y pueblos.
Si la FIFA sanciona a quienes criticaron el Mundial, confirmará que su problema no son las declaraciones, sino la libertad. Una organización segura de sí misma responde con argumentos. Una organización débil frente a la verdad responde con castigos.
Reflexión final
Cuando el miedo entra al vestuario y la prensa es tratada como estorbo, el fútbol pierde antes de jugar. Infantino debería entender que la autoridad no se demuestra silenciando voces, sino dando explicaciones. La FIFA, que amenaza la crítica, no defiende el juego: defiende su poder. Y cuando el poder le exige silencio a la pelota, el alma del fútbol empieza a ser expulsada sin tarjeta. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
