Gianni Infantino llegó a la FIFA prometiendo reconstruir una institución golpeada por el descrédito. Hoy, diez años después, su presidencia empieza a parecerse a aquello que decía venir a corregir: poder concentrado, decisiones discutidas, política metida hasta el fondo y una obsesión por agrandar el negocio sin medir el daño al espíritu del fútbol. Según versiones difundidas en Europa, varias federaciones vinculadas a la UEFA ya observan posibles alternativas de cara a las elecciones de 2027. La palabra reemplazo dejó de ser un rumor lejano: se ha convertido en advertencia política.
El Mundial 2026 ha sido un espejo incómodo para Infantino. La polémica por la revocación de la sanción a Folarin Balogun, las críticas por presuntas presiones políticas y la cercanía pública del presidente de la FIFA con Donald Trump han abierto una grieta que ya no se puede tapar con discursos de unidad. FairSquare presentó una denuncia ante el Comité Olímpico Internacional para que se investigue si Infantino vulneró principios de neutralidad política, incluso por su posible papel en la reversión del castigo a Balogun.
Ese episodio no es menor. Cuando una sanción deportiva queda rodeada de llamadas políticas, explicaciones insuficientes y sospechas de trato preferencial, el problema ya no es disciplinario: es institucional. La FIFA debería ser una autoridad independiente, no una oficina expuesta a la foto del poder. Y si su presidente aparece demasiado cerca de gobiernos, premios políticos, gestos personales y decisiones sensibles, entonces la neutralidad deja de ser principio y se vuelve decorado.
A esto se suma una lista de decisiones que han encendido el malestar: la expansión del Mundial a 48 selecciones, el renovado Mundial de Clubes, las pausas comerciales, los espectáculos de medio tiempo, los precios elevados, la posibilidad de sancionar voces críticas y el estilo cada vez más presidencialista de la organización. Infantino ha convertido a la FIFA en una maquinaria que habla de inclusión mientras multiplica ingresos, vende más partidos, exige más sedes y estira la paciencia de jugadores, técnicos e hinchas.
En ese contexto aparece el nombre de Dariusz Mioduski, propietario del Legia de Varsovia, como eventual figura europea para disputar poder en el futuro. Su nombre circula entre versiones periodísticas como posible alternativa dentro de un bloque europeo que empieza a medir fuerzas frente al actual presidente. Pero el debate serio no puede reducirse a cambiar una cara por otra. La FIFA no necesita solo un reemplazo; necesita una reforma profunda.
Porque si mañana sale Infantino y entra otro dirigente con la misma lógica de concentración, el problema seguirá intacto. La FIFA requiere límites de mandato reales, independencia disciplinaria, auditorías públicas, rendición de cuentas, neutralidad política, control externo y transparencia sobre ingresos, premios, contratos, sedes y decisiones arbitrales. Sin eso, cualquier sucesor terminará conduciendo la misma maquinaria, apenas con otro acento.
El constitucionalista Joseph Weiler, exmiembro de la Comisión de Gobernanza de la FIFA, ha sido especialmente duro al advertir que la institución posee reglas jurídicas impecables, pero carece de controles externos efectivos cuando esas normas chocan con el poder interno. Esa frase resume el drama: la FIFA tiene reglamentos para exhibir y poder para eludirlos.
Si la UEFA realmente busca disputar la presidencia de Infantino, debe hacerlo con una agenda ética y no solo con cálculo electoral. El fútbol mundial no necesita una simple operación de recambio; necesita recuperar democracia interna, independencia y respeto por quienes sostienen el juego.
Reflexión final
Infantino ya no gobierna desde la autoridad moral, sino desde la acumulación de poder. Puede resistir, negociar y buscar apoyos, pero el desgaste ya entró al campo. Cuando una presidencia empieza a incomodar incluso a quienes antes callaban, el ciclo deja de parecer invencible. La FIFA no debe ser el palacio de un dirigente eterno. Debe volver a ser la casa del fútbol. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
