FIFA en venta: Infantino pretende convertir el Mundial en acciones

La FIFA asegura que no vendería la Copa del Mundo, sino una participación económica en la sociedad encargada de explotar comercialmente sus principales torneos. La precisión jurídica puede tranquilizar a los abogados, pero no necesariamente al fútbol. Según The Times y Associated Press, Gianni Infantino impulsa la creación de FIFA Forward Enterprise, una compañía valorada en aproximadamente 20.000 millones de dólares, abierta a inversionistas privados minoritarios.

No se vendería el reglamento, el trofeo ni la autoridad formal de la FIFA. Se vendería algo probablemente más influyente: una porción de los ingresos futuros y, con ella, el derecho económico a exigir que el Mundial produzca cada vez más.

El proyecto buscaría recaudar alrededor de 4.200 millones de dólares mediante participaciones sin control directo. FIFA conservaría, sobre el papel, la gobernanza de las competiciones. Sin embargo, ningún fondo privado aporta miles de millones para contemplar cómo rueda la pelota: invierte para multiplicar capital, elevar dividendos y acelerar la rentabilidad.

Cuando los derechos de televisión, patrocinios, licencias, entradas, hospitalidad y plataformas digitales quedan vinculados a accionistas, las decisiones deportivas dejan de estar completamente aisladas del balance financiero. El siguiente paso podría ser más partidos, torneos más frecuentes, nuevas ampliaciones y sedes elegidas por su capacidad de facturación antes que por su tradición. The Times advierte precisamente sobre la presión para expandir o celebrar con mayor frecuencia los Mundiales de selecciones y clubes.

La UEFA reaccionó con una advertencia contundente: el fútbol no pertenece a la FIFA para disponer de él como si fuera una empresa familiar. Su cuestionamiento no es romántico, sino institucional. La entidad europea denunció falta de transparencia y sostuvo que esta propuesta cruza una frontera que los organismos rectores no deberían atravesar.

El proyecto también promete distribuir más de 10.000 millones de dólares entre las 211 federaciones afiliadas y elevar los recursos de desarrollo. La generosidad suena atractiva, especialmente antes de que las asociaciones deban votar. El dinero financiará infraestructura, pero también puede fabricar respaldos y convertir la fiscalización en gratitud.

No es siquiera el primer intento. En 2018, Infantino promovió otra iniciativa cercana a los 25.000 millones de dólares, asociada entonces con SoftBank, que finalmente no prosperó. Ocho años después, el proyecto regresa con otro nombre, nuevos socios y la misma obsesión: encontrar una caja más grande para un negocio que ya rompe récords.

FIFA puede modernizar su estructura financiera, pero no debe hipotecar su independencia. Vender una participación minoritaria no significa entregar inmediatamente el control; significa aceptar socios cuyo único mandato será obtener rentabilidad.

Reflexión final
Infantino comenzó ampliando selecciones, continuó multiplicando partidos y ahora pretende incorporar accionistas. Todo se presenta como desarrollo, inclusión y prosperidad. Curiosamente, cada reforma termina produciendo más dinero, más poder y menos contrapesos.

El Mundial no se vendería de una sola vez. Se vendería por porcentajes, contratos y promesas de dividendos. Cuando eso ocurra, el aficionado seguirá cantando en la tribuna, pero alguien, desde una oficina financiera, estará calculando cuánto rendimiento produjo cada minuto de su pasión.

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