Javier Tebas, presidente de LaLiga española, hizo lo que demasiados dirigentes del fútbol evitan por conveniencia: cuestionó públicamente a Gianni Infantino. Mientras otros prefieren administrar silencios a cambio de cupos, sedes, recursos, cargos o protección institucional, Tebas recordó una verdad elemental: exigir transparencia no es atacar al fútbol, sino defenderlo.
La reacción surgió después de que Infantino publicara un mensaje para desacreditar las críticas sobre la creciente influencia política alrededor de la FIFA durante el Mundial 2026. El presidente del organismo habló de unión y emoción; Tebas respondió con rendición de cuentas. Ahí está el verdadero partido.
“Nadie discute que el fútbol sea emoción y unión. Pero la transparencia, la buena gobernanza y la rendición de cuentas nunca son odio; son una obligación”, escribió Tebas. Su frase desmonta la rancia estrategia del poder: convertir toda pregunta incómoda en una conspiración y presentar al fiscalizado como víctima.
Infantino debería responder con hechos, no con discursos defensivos. Durante el Mundial, su cercanía con Donald Trump quedó expuesta en ceremonias, reuniones y decisiones controvertidas. El caso más grave fue el de Folarin Balogun: tras una llamada del mandatario estadounidense, la FIFA suspendió el efecto de una tarjeta roja para permitir que el delantero jugara ante Bélgica. Según la información difundida, fue el primer caso de este tipo entre 191 expulsiones registradas en la historia de los mundiales.
La FIFA afirma que sus órganos disciplinarios son independientes. Sin embargo, la independencia no se proclama: se demuestra explicando quién recibió la llamada, qué pidió Trump, qué norma se aplicó y por qué una decisión excepcional coincidió exactamente con el interés del presidente anfitrión.
También quedaron preguntas sobre las restricciones migratorias que afectaron a aficionados y delegaciones de Haití, Senegal, Costa de Marfil e Irán. Al árbitro somalí Omar Artan se le negó el ingreso a Estados Unidos, mientras la FIFA minimizaba el conflicto. La UEFA terminó incorporándolo a la Supercopa europea, una decisión que contrastó con la falta de una defensa firme por parte del organismo mundial.
Tebas puede ser discutido por muchas de sus posiciones, pero esta vez señaló el centro del problema: las instituciones sólidas no insultan al escrutinio; entregan respuestas. Infantino no administra una propiedad privada, sino el principal organismo del fútbol mundial.
Reflexión final
El poder de Infantino se sostiene porque muchas federaciones reciben dinero, torneos, plazas y promesas. Por eso abundan los aplausos y escasean las preguntas. La elección presidencial del 18 de marzo de 2027 mostrará si el fútbol mundial quiere dirigentes independientes o delegados agradecidos.
Cuando cuestionar al presidente de la FIFA se vuelve un acto de valentía, el problema ya no es el tono de Tebas. El problema es el silencio de todos los demás. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
