En el fútbol sudamericano se fiscaliza al jugador, al entrenador y al club, pero existe una pregunta que continúa incomodando: ¿quién controla realmente a quienes controlan a los árbitros? En Libertadores, Sudamericana y competiciones de selecciones, una designación puede colocar a un juez en el partido más importante del continente o dejarlo fuera de escena. Con el VAR, además, las decisiones ya no dependen únicamente del hombre del silbato: existe toda una estructura que selecciona, observa, evalúa y retroalimenta.
CONMEBOL tiene procedimientos. Lo que merece discutirse es cuánto puede conocer el público de esos procedimientos.
Los documentos oficiales son claros en un aspecto fundamental: la Comisión de Árbitros de CONMEBOL concentra la potestad de designación. Ella nombra árbitros, asistentes, VAR, AVAR, asesores, analistas de video y responsables de calidad. Incluso el Manual de Clubes establece que las designaciones realizadas por CONMEBOL no pueden ser observadas ni recusadas por los participantes.
Existe también un sistema de evaluación. Los asesores son designados por la propia Comisión para calificar a los árbitros; los analistas de video utilizan las imágenes oficiales para evaluar y ofrecer retroalimentación; y en el VAR intervienen figuras como el Quality Manager y el observador VAR, encargados de controlar estándares e identificar potenciales errores en la aplicación del protocolo.
Hasta allí, organización. Ahora viene la pregunta incómoda: ¿dónde puede consultar el aficionado las calificaciones individuales obtenidas por los árbitros? ¿Dónde están publicados los criterios completos que determinan quién asciende, quién desaparece de las designaciones y quién recibe una final? ¿Dónde puede conocerse de manera sistemática qué consecuencias deportivas tuvo un error arbitral grave?
CONMEBOL publica designaciones y también ha difundido análisis de determinadas intervenciones del VAR. El protocolo establece, además, que este sistema actúa ante errores claros y manifiestos o incidentes graves inadvertidos en situaciones delimitadas y que la decisión definitiva corresponde al árbitro. Pero explicar algunas jugadas no equivale a transparentar integralmente el sistema arbitral.
Ahí está el problema. Cuando una misma estructura designa, evalúa y administra el rendimiento arbitral, la independencia necesita controles particularmente visibles. No basta con asegurar que existen evaluaciones internas. El fútbol profesional mueve demasiado dinero, prestigio e intereses como para pedirle al hincha simplemente que confíe.
No se trata de convertir cada error arbitral en una teoría conspirativa ni de exigir sanciones públicas para satisfacer a las tribunas. Los árbitros se equivocan porque son humanos y el VAR tampoco convirtió al fútbol en una ciencia exacta.
Se trata de algo mucho más serio: rendición de cuentas. CONMEBOL debería publicar criterios de designación, estadísticas de rendimiento, metodología de evaluación, protocolos disciplinarios y explicaciones institucionales suficientes cuando se produzcan errores relevantes.
Reflexión final
El árbitro debe ser independiente de clubes, dirigentes, federaciones y presiones externas. Pero independencia jamás puede significar opacidad.
Si CONMEBOL quiere defender la credibilidad de sus competiciones, debería permitir conocer mejor cómo funciona la maquinaria que decide quién arbitra, quién evalúa, quién controla el VAR y qué ocurre cuando alguien falla.
Porque el problema no empieza cuando un árbitro se equivoca. Empieza cuando nadie fuera de la estructura puede saber con suficiente claridad cómo fue evaluado ese error y qué consecuencias tuvo. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
