FIFA 2027: la batalla electoral que amenaza el reinado de Infantino

La elección presidencial de la FIFA prevista para marzo de 2027 dejó de ser el desfile de adhesiones que Gianni Infantino parecía tener asegurado. El fracaso de FIFA Forward Enterprise, la ruptura con UEFA, Concacaf y AFC y la pérdida de apoyos nacionales transformaron una reelección que parecía ceremonial en una verdadera batalla por el control del fútbol mundial. La pregunta ya no es únicamente quién ganará, sino qué precio político estará dispuesto a pagar cada bloque para conservar o conquistar el poder.

Infantino llega debilitado, pero no derrotado. Conserva estructura, recursos, relaciones y una larga experiencia administrando mayorías. Precisamente por eso, cada decisión de la FIFA desde ahora merece ser observada con lupa.

El sistema electoral parece impecablemente democrático: 211 asociaciones, un voto por país y sufragio secreto. Alemania tiene un voto. Brasil, uno. Perú, uno. También hay una federación diminuta, que cuenta como uno. Esa igualdad formal se presenta como una virtud, pero también crea un terreno perfecto para la negociación política. En una organización donde muchas asociaciones dependen de programas, subvenciones y fondos de desarrollo, el voto puede ser igual en la urna, pero no necesariamente igual en condiciones de independencia.

Los aspirantes deberán presentar su candidatura antes del 18 de noviembre de 2026. Para alcanzar la presidencia se necesita mayoría absoluta de los votos válidos. Si nadie la consigue en la primera ronda, habrá nuevas votaciones hasta encontrar ganador. En teoría, un proceso limpio. En la práctica, meses de llamadas, reuniones reservadas, promesas, alianzas, sedes, cupos y compromisos que rara vez aparecen en las actas.

Los nombres ya circulan. Victor Montagliani, presidente de Concacaf, aparece como una alternativa seria por su experiencia y por haberse distanciado de Infantino. Aleksander Čeferin, presidente de UEFA, representa el bloque que exige reformas profundas, aunque todavía no ha confirmado candidatura. Nasser Al-Khelaïfi conserva peso económico y político, mientras Mattias Grafström, secretario general de FIFA, encarna una eventual continuidad surgida desde la propia estructura.

Ninguno es candidato oficial todavía, pero la campaña ya empezó. Y cuando la campaña comienza antes de las candidaturas, cada decisión institucional corre el riesgo de convertirse en propaganda.

La elección de 2027 no debería decidir quién reparte mejor favores, sino quién puede devolver credibilidad a una organización que vuelve a discutir transparencia, independencia y concentración de poder.

La FIFA necesita una elección competitiva, no otra coronación disfrazada de democracia.

Reflexión final
El voto secreto protege al elector, pero también puede proteger acuerdos que nunca conocerá el aficionado. Por eso, la verdadera prueba no estará en la urna, sino en lo que ocurra antes de abrirla.

Si las federaciones votan por convicción, habrá una elección. Si votan por miedo, dependencia o beneficios prometidos, habrá otra cosa con apariencia de elección.

Y después de diez años de poder concentrado, la FIFA no necesita más obediencia organizada. Necesita una presidencia que entienda que gobernar no es acumular votos, sino merecerlos. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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