VIH y sífilis avanzan en silencio mientras la prevención llega tarde

Hay enfermedades que alarman por sus síntomas. Otras preocupan precisamente porque pueden avanzar sin ellos. El VIH y la sífilis comparten esa característica: una persona puede sentirse saludable y, aun así, estar infectada y transmitir la enfermedad. El problema no es menor. En EsSalud se registraron más de 108.000 atenciones por VIH entre 2022 y mayo de 2026, mientras que la OPS reportó 4,2 millones de nuevos casos de sífilis en las Américas durante 2024.

Las cifras deberían sacudir cualquier complacencia. Cuando dos infecciones prevenibles o controlables crecen de manera silenciosa, la falla no está solo en el diagnóstico tardío: también está en una educación sexual insuficiente, acceso desigual a pruebas y una prevención que todavía llega después del riesgo.

Entre 2022 y 2025, EsSalud registró 97.629 atenciones por VIH. A ellas se sumaron 11.280 entre enero y mayo de 2026. Los varones concentran entre 75% y 78% de las atenciones anuales, y la mayor incidencia se ubica entre personas de 25 a 49 años.

La sífilis también avanza. La OPS informó que los nuevos casos aumentaron 15% frente a 2022, y que América Latina y el Caribe concentran alrededor del 90% de los casos reportados en la región. Además, el 71% afecta a hombres jóvenes de entre 20 y 34 años.

Lo más grave es que ambas infecciones pueden pasar inadvertidas. El VIH puede permanecer años sin síntomas. La sífilis también puede desarrollarse sin lesiones evidentes. Sentirse bien no es un certificado de salud sexual.

La diferencia está en el tratamiento: el VIH no tiene cura, pero puede controlarse eficazmente con antirretrovirales. La sífilis sí puede curarse con penicilina si se detecta a tiempo. En ambos casos, la prueba es decisiva.

La alarma aumenta durante el embarazo. Ambas infecciones pueden transmitirse al bebé. La OPS estima que cerca de 68.000 bebés nacieron con sífilis en las Américas en 2022, una cifra que revela que todavía hay mujeres que llegan tarde al control prenatal.

El sistema de salud no puede limitarse a esperar pacientes con síntomas. Debe ampliar pruebas, campañas de prevención, educación sexual, control prenatal y acceso oportuno al tratamiento.

Reflexión final
El silencio también contagia. Callar sobre sexualidad, pruebas y prevención no protege a nadie. Cuando una infección puede avanzar durante meses o años sin dar señales, la ignorancia se convierte en aliada de la enfermedad. Y un Estado que sabe esto, pero no multiplica la prevención, termina llegando, otra vez, cuando el diagnóstico ya tiene consecuencias. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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