Sánchez y Fujimori: rivales, pero firmaron la misma ruta

En campaña, Roberto Sánchez y Keiko Fujimori aparecen como enemigos políticos. Se señalan, se acusan y buscan convencer al país de que representan caminos opuestos. Pero la política no se mide solo por discursos de plaza ni frases para titulares. Se mide, sobre todo, por votos, firmas y decisiones. Y allí, en el Congreso, la distancia entre ambos parece mucho más corta de lo que quieren admitir.

El caso del REINFO es especialmente grave. Sánchez y el fujimorismo coincidieron en decisiones que terminaron debilitando la capacidad del Estado frente a la minería informal e ilegal. Mientras el país convive con extorsiones, violencia, economías criminales y territorios donde la autoridad retrocede, el Parlamento aprobó normas que ampliaron márgenes de impunidad. No fue una casualidad ni un simple error técnico: fue una decisión política con consecuencias reales.

Por eso indigna la indignación selectiva. Sánchez denuncia el “pacto” cuando le conviene electoralmente, pero sus votos muestran coincidencias con aquello que hoy dice combatir. Fujimori promete orden, autoridad y mano firme, pero su bancada respaldó iniciativas que reducen la acción del Estado frente a intereses altamente cuestionados. Ambos pueden gritarse desde la tribuna, pero las actas legislativas son más elocuentes que cualquier mitin.

La contradicción no termina allí. También hubo coincidencias en decisiones sensibles como la eliminación de las PASO, la elección de autoridades clave y el reparto de poder institucional. Es decir, decisiones que afectan directamente la calidad de la democracia, la independencia de los organismos y la participación ciudadana. Cuando se recortan controles y se fortalecen cúpulas, no gana el país: gana la maquinaria política.

El Perú ya conoce este libreto. Candidatos que se presentan como rivales irreconciliables, bancadas que negocian en silencio y ciudadanos que descubren tarde que la supuesta confrontación era apenas una puesta en escena. La política peruana ha convertido la contradicción en método y la memoria corta en estrategia electoral.

Sánchez y Fujimori deben responder por sus palabras, pero sobre todo por sus firmas. Porque una cosa es el discurso de campaña y otra muy distinta el voto que queda registrado.

Reflexión final
En democracia, la memoria ciudadana es una herramienta de defensa. Antes de creer en nuevos discursos, conviene revisar viejas actas. Ahí está la verdad que muchos quisieran esconder. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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