En el Perú, la tierra tiembla con frecuencia, pero la ayuda suele llegar con lentitud. Por eso, la propuesta de nuevos seguros que se activarán automáticamente ante un sismo aparece como una noticia que mezcla esperanza con cautela. La SBS plantea un sistema donde la indemnización no dependerá de largos peritajes, sino de parámetros previamente establecidos, como la magnitud del movimiento telúrico.
La idea parece moderna y necesaria. Después de un desastre, miles de familias quedan atrapadas entre daños, deudas y trámites interminables. En ese escenario, un seguro que pague automáticamente podría representar alivio inmediato para quienes necesitan reconstruir parte de su vida sin esperar semanas o meses de burocracia.
Sin embargo, toda innovación financiera merece vigilancia pública. Porque detrás de la palabra “automático” también existen condiciones, límites y reglas que muchas veces el ciudadano descubre demasiado tarde. El gran riesgo no está en el mecanismo, sino en la posibilidad de que se convierta en una promesa atractiva en publicidad, pero compleja en la práctica.
¿Qué ocurrirá si el sismo afecta gravemente una zona, pero no alcanza el parámetro exacto establecido en la póliza? ¿Quién explicará con claridad cómo se calculan esos umbrales? ¿Cuántos ciudadanos realmente entenderán qué están contratando? Allí aparece el verdadero desafío: evitar que la velocidad del pago oculte la confusión del contrato.
La SBS tiene una oportunidad importante para modernizar el mercado asegurador peruano, pero también una enorme responsabilidad. No basta con aprobar productos innovadores; es necesario garantizar transparencia, lenguaje comprensible y supervisión firme. Porque cuando se trata de desastres naturales, el ciudadano no firma un simple documento financiero: busca tranquilidad frente a la incertidumbre.
Además, este debate revela otra realidad incómoda: en un país vulnerable a terremotos, inundaciones y sequías, la prevención sigue avanzando más lento que el riesgo. Mientras se discuten seguros modernos, miles de viviendas continúan siendo precarias y muchas ciudades crecen sin planificación adecuada.
Los seguros automáticos ante sismos pueden convertirse en una herramienta útil y rápida para enfrentar emergencias. Pero su éxito dependerá de reglas claras, fiscalización efectiva y consumidores bien informados.
Reflexión final
El Perú necesita protección real, no únicamente productos novedosos. Porque después de cada sismo, lo que más se derrumba no siempre son las paredes: muchas veces también se quiebra la confianza de quienes sienten que el sistema solo funciona cuando ya es demasiado tarde. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
