¿Sabes cuáles son los temas de debate entre Fujimori y Sánchez?

El debate presidencial de este domingo entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez debería ser un examen de Estado, no otro espectáculo de campaña. Después de un debate técnico pobre, con más indirectas que ideas y más cálculo que propuestas, el país tiene derecho a exigir algo básico: que los candidatos hablen claro, respondan con precisión y dejen de tratar al elector como público cautivo de una pelea política.

Los temas definidos para este domingo —seguridad ciudadana, fortalecimiento democrático y derechos humanos, educación y salud, y economía, empleo y reducción de la pobreza— no son adornos de agenda. Son las heridas abiertas del Perú. Si los candidatos llegan a repetir frases preparadas, gestos ensayados y ataques disfrazados de argumentos, el debate habrá fracasado antes de terminar.

En seguridad ciudadana, el país no necesita otro rosario de promesas. Necesita saber cómo se enfrentará la extorsión, el sicariato, el crimen organizado y la corrupción que debilita al Estado. Decir “mano dura” sin plan es ruido. Hablar de reforma sin presupuesto es teatro. La gente vive con miedo y no quiere eslóganes: quiere resultados.

En economía, empleo y pobreza, tampoco hay espacio para discursos de vitrina. El ciudadano no come cifras bonitas ni paga cuentas con frases de campaña. Fujimori y Sánchez deberán explicar cómo crearán empleo digno, cómo enfrentarán la informalidad y cómo harán que el crecimiento llegue a la mesa familiar. Sin eso, hablar de pobreza será otra forma elegante de usar el dolor ajeno.

En educación y salud, la promesa fácil ya perdió credibilidad. El Perú no necesita anuncios grandilocuentes, sino médicos, medicinas, docentes capacitados, infraestructura, gestión honesta y servicios públicos que funcionen. La corrupción no solo roba dinero: roba futuro, tratamientos y oportunidades.

El bloque democrático será el más revelador. Allí se sabrá si entienden que gobernar no es capturar instituciones, perseguir adversarios ni usar el poder como botín. Democracia significa límites, prensa libre, derechos humanos y rendición de cuentas.

Pero sobre el escenario también rondará el fantasma del voto viciado. Ese voto incómodo, legal y democrático aparece cuando el elector siente que ninguna candidatura representa una salida real. Si ambos candidatos evaden, atacan y repiten generalidades, estarán haciendo campaña para el rechazo.

Este domingo no se juega quién lanza la mejor frase. Se juega quién demuestra estar preparado para gobernar. Y si ninguno convence, la urna puede responder con más dureza que cualquier editorial. (Foto ilustración: lacajanegra).

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