El gas natural que sostiene una parte esencial de la economía peruana tiene una cuenta regresiva inquietante: las reservas comprobadas para el mercado interno alcanzarían apenas para unos diez años. No es una cifra lejana ni un dato técnico reservado para especialistas. Es una advertencia directa sobre el futuro de la electricidad, el transporte, la industria y el bolsillo de millones de peruanos.
El Perú depende de Camisea más de lo que la política quiere reconocer. Este gas genera alrededor del 25% de la electricidad nacional, abastece a cientos de miles de vehículos y sostiene procesos industriales que permiten producir, transportar y competir. Si el país no encuentra nuevas reservas, no diversifica su matriz energética y no ordena sus contratos de exportación, el siguiente paso será importar gas. Y el gas importado puede costar varias veces más que el precio actual.
Ese incremento no se quedará en los balances de las empresas. Llegará al recibo de luz, al pasaje, al transporte de carga, al precio de los alimentos, al menú popular y a cada producto que depende de energía para producirse o moverse. Como siempre, la factura final no la pagará la improvisación política, sino el ciudadano.
La reciente interrupción del ducto en Megantoni fue una señal de alerta. En pocos días, el país enfrentó pérdidas millonarias y comprobó la fragilidad de depender de una sola fuente energética. Si una interrupción temporal causó semejante impacto, ¿qué podría ocurrir cuando la escasez sea permanente?
Lo más preocupante es el silencio electoral. Se habla de alianzas, ataques, encuestas y repartos de poder, pero poco de la energía que prende cocinas, mueve taxis, alimenta fábricas y sostiene hogares. El país necesita exploración urgente, hidroeléctricas, energías renovables, infraestructura de respaldo y una política energética seria, no discursos de campaña.
El gas que mueve la economía del Perú se acaba en 10 años, pero la irresponsabilidad política parece tener reservas infinitas. El Gobierno y quienes aspiran a gobernar deben entender que la seguridad energética no puede seguir esperando.
Reflexión final
Gobernar no es descubrir la crisis cuando ya falta el gas. Gobernar es prever, invertir y decidir. Si el Perú no actúa ahora, dentro de una década no solo faltará energía: sobrará indignación, subirán los costos y el país pagará otra vez el precio de haber mirado tarde lo que ya estaba anunciado. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
