La posible firma de la adenda n.º 9 del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez ha provocado el rechazo de gremios del turismo y la aviación. El conflicto no es un tecnicismo contractual: es una alerta sobre competitividad, conectividad y defensa del interés nacional.
El punto más cuestionado es la Tarifa Unificada por Uso de Aeropuerto para pasajeros de transferencia internacional. En términos simples, se trata de un cobro a quienes usan Lima como punto de conexión hacia otros destinos. Los gremios advierten que mantener esta tarifa hasta el 2041 encarecerÃa las conexiones y pondrÃa al Perú en desventaja frente a hubs como Panamá y Bogotá.
La preocupación es razonable. Un aeropuerto moderno no compite solo por infraestructura, sino por rutas, costos, eficiencia y capacidad de atraer pasajeros. Si el nuevo Jorge Chávez pretende ser un centro regional, no puede cargar sobre los viajeros una tarifa que los empuje a escoger otros paÃses para conectar sus vuelos.
Según los gremios, desde que empezó a aplicarse este cobro en diciembre de 2025, ocho rutas internacionales habrÃan sido canceladas. Además, Mincetur habrÃa estimado pérdidas de hasta US$33 millones para el turismo receptivo durante 2026. En un paÃs que necesita reactivar el turismo, generar empleo y recuperar confianza, insistir en una medida asà parece más terquedad administrativa que visión estratégica.
El MTC deberÃa entender que firmar rápido no significa decidir bien. Si existen observaciones técnicas, acciones legales en curso y reclamos de sectores directamente afectados, lo mÃnimo es abrir un diálogo transparente. La polÃtica pública no puede gestionarse de espaldas a quienes sostienen la conectividad aérea y el turismo.
Los gremios no rechazan el desarrollo del aeropuerto; rechazan una adenda que consideran perjudicial para la competitividad del paÃs. El Jorge Chávez debe ser una puerta de entrada al Perú, no una barrera tarifaria para el mundo.
Reflexión final
Un aeropuerto internacional no es solo cemento, vidrio y pistas nuevas. Es estrategia nacional. Si el Estado encarece la conexión con el mundo sin medir consecuencias, el paÃs no despega: se queda pagando el costo de otra pésima decisión. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
