La FIFA está a punto de lanzar su más ambicioso proyecto de clubes: un Mundial de 32 equipos que se jugará por primera vez con gran despliegue entre el 14 de junio y el 13 de julio en Estados Unidos. Sin embargo, en la antesala de este evento, una inquietud se ha instalado silenciosamente en Zúrich: el nuevo Mundial podría arrancar sin el campeón de Europa… y sin algunos de los mejores futbolistas del planeta.
La posibilidad de que ni el FC Barcelona ni el Arsenal —dos de los cuatro semifinalistas de la Champions League— estén presentes en el torneo, ha encendido alarmas en el entorno de la FIFA. Y más aún cuando la figura emergente del momento, Lamine Yamal, símbolo de la nueva generación del fútbol mundial, tampoco formaría parte del espectáculo que pretende ser “la nueva Copa del Mundo” del balompié de clubes.
¿Un Mundial sin los grandes?
La paradoja es clara: la FIFA quiere imponer un torneo de clubes con alcance y prestigio global, pero corre el riesgo de que este arranque sin los clubes más atractivos del momento ni los futbolistas más buscados por audiencias de todo el mundo. En otras palabras, un Mundial sin el campeón de Europa ni sus protagonistas más mediáticos.
Hoy, la mitad de los semifinalistas de la Champions (Barça y Arsenal) no han sido incluidos en el listado de participantes del primer Mundial de Clubes FIFA. Si ambos superan sus respectivas series ante Inter y PSG y acceden a la final en Múnich, el campeón de Europa no estará en la máxima vitrina que Infantino busca institucionalizar.
Esta situación no es solo un fallo de logística o de reglamento. Es un riesgo reputacional para la FIFA, que intenta posicionar el nuevo Mundial de Clubs como un torneo a la altura del prestigio de la Copa del Mundo de selecciones. Pero un torneo sin el mejor equipo del mundo ni sus figuras más deseadas por las marcas, las redes y el marketing futbolístico global, puede perder impacto incluso antes de comenzar.
Lamine Yamal, símbolo de la nueva era (fuera del torneo)
En este contexto, la ausencia de Lamine Yamal adquiere un peso simbólico aún mayor. A sus 17 años, el joven atacante del FC Barcelona no solo es una promesa, sino ya una realidad celebrada por leyendas como Thierry Henry o Rio Ferdinand, y respetada por colegas como Erling Haaland. Su figura crece, sus goles retumban y su camiseta se vende en los cinco continentes. Pero si el Barça no clasifica al nuevo Mundial, Yamal tampoco estará.
Lo mismo ocurre con Pedri, a quien Toni Kroos ha calificado como “el mejor en su posición”, o con Raphinha, que acumula números dignos de candidato al Balón de Oro. Todos ellos podrían estar fuera del escenario donde la FIFA quiere construir su nuevo show global.
Todo esto deja una duda incómoda: ¿será realmente un Mundial de Clubes si no están los clubes más deseados y sus estrellas más brillantes?
Infantino: entre el espectáculo y la contradicción
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, ha intentado promover el torneo con entusiasmo. Recientemente, lució el trofeo del Mundial de Clubes durante el Gran Premio de Fórmula 1 en Miami. Pero su confesión pública de ser hincha del Inter de Milán —uno de los semifinalistas de Champions— dejó entrever una inquietud que va más allá de la simpatía personal: la FIFA parece más tranquila con una final Inter vs. PSG que con una entre Barça y Arsenal, por razones que no se animan a decir en voz alta.
Y es que, si el campeón de Europa no va, el discurso de legitimidad del nuevo torneo pierde fuerza ante la afición, los medios y los auspiciadores.
El fútbol no se impone, se construye
El Mundial de Clubes de la FIFA es una idea potente, pero aún no consolidada. Su éxito no dependerá solo de la infraestructura o el marketing, sino de quiénes lo juegan, cómo se clasifican y qué sentido tiene en el calendario internacional. Si los campeones continentales no tienen asegurada su presencia, si las grandes figuras quedan fuera por criterios técnicos o cupos limitados, el torneo corre el riesgo de convertirse en un espectáculo incompleto.
La FIFA tiene en sus manos una oportunidad histórica, pero también una responsabilidad. No se trata solo de crear un nuevo evento, sino de hacerlo inclusivo, competitivo y representativo del mejor fútbol del planeta.
Porque si el Mundial de Clubes arranca sin el campeón de Europa ni sus ídolos más esperados, lo que habrá no será una celebración global…
sino un vacío que ni la mejor campaña publicitaria podrá llenar.
