Estados Unidos: el gol económico más grande de la FIFA

El fútbol como motor económico global. Más allá del césped, los estadios y los goles, el fútbol de alto nivel se ha convertido en un poderoso catalizador económico. Un reciente estudio de la FIFA, en alianza con la Organización Mundial del Comercio y la firma OpenEconomics, ha revelado cifras sorprendentes sobre el impacto financiero de los dos grandes eventos futbolísticos que se celebrarán en Estados Unidos: el Mundial de Clubes 2025 y la Copa del Mundo 2026.

Los números hablan por sí solos: 47 billones de dólares estadounidenses (43 mil millones de euros) es el impacto estimado que estos eventos dejarán en la economía norteamericana, consolidando al fútbol como una de las industrias más lucrativas del planeta. El análisis no solo confirma el creciente poder de convocatoria del deporte, sino que invita a reflexionar sobre el papel de los países anfitriones, el reparto de beneficios y la necesidad de construir modelos de desarrollo deportivo más equitativos a nivel global.

Un negocio monumental… con sede fija
Estados Unidos, que coorganizará junto con México y Canadá la Copa Mundial 2026, será también sede exclusiva del renovado Mundial de Clubes 2025. Esta concentración de eventos, respaldada por una infraestructura deportiva moderna, capacidad hotelera y conectividad global, convertirá al país en el epicentro económico del fútbol mundial durante dos veranos consecutivos.

Según los estudios presentados, el impacto conjunto de ambos eventos podría aumentar el Producto Interior Bruto global en más de 62 billones de dólares (56.500 millones de euros), marcando un hito en la historia del deporte como industria global. La Copa del Mundo de selecciones espera atraer hasta 6.5 millones de espectadores y generar más de 824,000 empleos a nivel mundial, de los cuales 185,000 se concentrarían solo en suelo estadounidense.

Por su parte, el Mundial de Clubes —en su nueva versión ampliada a 32 equipos— prevé una asistencia de 3.7 millones de personas y la generación de 105,000 empleos en once ciudades anfitrionas del torneo.

¿Y el fútbol global?. ¿Y los países del sur?.
Las cifras son impresionantes. Pero también plantean preguntas fundamentales:
¿Quién se beneficia realmente de estos megaeventos?
¿Se distribuyen los beneficios de manera equitativa entre federaciones, clubes y jugadores?.
¿Tienen los países del sur acceso a las mismas oportunidades para crecer en infraestructura, competitividad y desarrollo?.

Mientras Estados Unidos —una nación sin tradición futbolística comparable a Europa o Sudamérica— capitaliza los grandes eventos gracias a su músculo económico, muchas federaciones de África, Asia y América Latina siguen enfrentando carencias estructurales: estadios obsoletos, escasa inversión en menores, y campeonatos sin sostenibilidad financiera.

Este fenómeno plantea un desafío ético para los organismos que rigen el fútbol mundial: ¿cómo garantizar que los beneficios económicos del fútbol no se queden en los mismos bolsillos de siempre?

El fútbol mueve el mundo, pero debe hacerlo con justicia
Los Mundiales de 2025 y 2026 marcarán un antes y un después en la relación entre deporte y economía global. El fútbol ha demostrado ser mucho más que un juego: es un generador de empleo, inversión y turismo, un constructor de imagen país y una plataforma de influencia internacional.

Sin embargo, ese potencial debe gestionarse con justicia, ética y visión de futuro. No basta con celebrar récords económicos si estos se logran a costa de una creciente desigualdad entre regiones futbolísticas. Si el fútbol quiere mantenerse como un fenómeno realmente global, debe fomentar políticas que impulsen el desarrollo en todos los continentes, respetando el Fair Play no solo en la cancha, sino también en los despachos y las decisiones estratégicas.

Porque cuando el balón rueda, también deben rodar las oportunidades.
Y el verdadero gol no es solo el que se anota en la cancha, sino el que transforma sociedades con equidad, desarrollo y esperanza.

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