Los recientes terremotos registrados en Perú, Colombia y Venezuela han reavivado una pregunta comprensible: ¿puede un gran sismo desencadenar otros movimientos a cientos o miles de kilómetros? La coincidencia temporal genera inquietud, pero la explicación científica apunta en otra dirección. Sudamérica atraviesa una compleja interacción de placas tectónicas y cada terremoto responde, en principio, a procesos locales dentro de ese gigantesco sistema geológico.
El sismo de magnitud 7,4 que golpeó Colombia el 10 de agosto ocurrió a unos 110 kilómetros de profundidad, según el Servicio Geológico de Estados Unidos. Días después, Perú registró un fuerte movimiento en Ayacucho, también profundo. El Instituto Geofísico del Perú localizó uno de estos eventos a 110 kilómetros bajo la superficie, en una región donde la placa de Nazca se introduce por debajo de la Sudamericana.
Venezuela presenta otra realidad tectónica. En junio de 2026 sufrió una importante secuencia sísmica, incluidos movimientos de magnitudes 7,2 y 7,5 en el norte del país. Allí interviene especialmente la interacción entre las placas Sudamericana y del Caribe, acompañada por sistemas de fallas diferentes de los que originan buena parte de los terremotos peruanos.
La existencia de distintos mecanismos, profundidades y zonas de ruptura impide interpretar estos acontecimientos como una simple reacción en cadena. Un terremoto libera tensiones acumuladas localmente y puede producir réplicas o modificar esfuerzos en fallas cercanas, pero eso no significa que active automáticamente terremotos en países alejados.
Lo que sí une a buena parte de la región es su extraordinaria actividad geológica. Frente al Perú, la placa de Nazca continúa introduciéndose bajo Sudamérica; hacia Colombia aumenta la complejidad por la interacción con la placa del Caribe; y en Venezuela predominan otros sistemas de fallas.
La ciencia puede identificar zonas de peligro y construir escenarios probabilísticos, pero continúa sin poder determinar con exactitud cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto.
Los recientes sismos no prueban que Sudamérica esté experimentando una reacción tectónica encadenada. Sí recuerdan que millones de habitantes viven sobre una estructura geológica permanentemente activa.
Reflexión final
La pregunta decisiva no debería ser cuál terremoto provocará al siguiente, sino cuánto hemos aprendido antes de que ocurra. Los países sísmicos no pueden controlar el movimiento de las placas, pero sí pueden controlar la calidad de sus construcciones, sus planes urbanos, sus sistemas de emergencia y la educación preventiva de sus ciudadanos. El verdadero vínculo entre estos terremotos debería ser una misma cultura regional de prevención. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
