PNP solicita reforzar seguridad ante posible fuga de Marín Vizcarra

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

El expresidente Martín Vizcarra afronta pedidos fiscales de cárcel y restricciones judiciales, mientras la Policía blinda embajadas para evitar su fuga. La justicia debe prevalecer sobre el libreto del mártir político. Perú no merece otro presidente prófugo.

En el Perú hay algo que se repite más que el arroz con pollo en domingo: presidentes que, al verse con un pie en la cárcel, se convierten en súbitos enamorados de la diplomacia y las embajadas. Hoy el turno es de Martín Vizcarra, quien, ironías de la vida, llegó al poder en nombre de la lucha anticorrupción y ahora está con un pie en los tribunales y otro tanteando la verja de alguna residencia diplomática.

La Policía Nacional del Perú ha reforzado la seguridad en las embajadas de México, Brasil y Bolivia. No por visitas protocolares, sino porque Vizcarra podría estar planeando la escapatoria perfecta: un asilo diplomático que lo libre de enfrentar el proceso en su contra por presuntos sobornos de S/ 2,3 millones, recibidos cuando era gobernador de Moquegua.

Y no hablamos de rumores. Hablamos de un oficio policial urgente, firmado y sellado, que revela la dimensión del problema: el riesgo real de que un exmandatario intente huir del país mientras su impedimento de salida expira en menos de dos semanas.

El guion es conocido: primero, la victimización. Vizcarra alega persecución política, como si la Fiscalía se hubiera despertado un día, aburrida, y decidido acusarlo de corrupción por deporte. Segundo acto, el discurso moral. El mismo hombre que disolvió el Congreso en 2019 y se vendió como la encarnación de la ética pública, hoy dice ser perseguido por enemigos de la democracia.

Mientras tanto, la justicia avanza a paso lento. El Poder Judicial rechazó su prisión preventiva, alegando arraigo familiar. Sí, el mismo arraigo que ha servido de papel decorativo cuando otros exmandatarios salieron por la puerta falsa del aeropuerto o se refugiaron tras los muros de embajadas.

¿Y qué hace el Gobierno? Nada visible. El Ejecutivo está demasiado ocupado en sobrevivir hasta el 28 de julio de 2026, entre relojes, joyas, operaciones estéticas y la amenaza constante de la vacancia. Si algo nos ha enseñado la historia política reciente, es que los presidentes y expresidentes suelen pensar primero en ellos mismos, y después —si queda tiempo— en el país.

Vizcarra debe quedarse, enfrentar el juicio y demostrar su inocencia, si la tiene. No puede ser que quien se vendió como la encarnación de la lucha anticorrupción termine huyendo al amparo de un estatus diplomático. No más prófugos, no más presidentes que enarbolan banderas morales solo para arrugarlas cuando les llega la hora de rendir cuentas.

Reflexión final
La justicia en el Perú está herida, pero aún respira. Y la ciudadanía merece que quienes gobernaron este país respondan ante ella, no ante embajadas ni ante discursos dramáticos de persecución.

Señor Vizcarra, no se nos fugue. El Perú ya ha exportado demasiados presidentes problemáticos. Sea usted la excepción. Dé la cara, y de paso, devuélvanos la esperanza de que la palabra “ética” no está condenada al exilio.

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