Congreso prepara interpelación a ministros por aumento presidencial

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

Mientras millones de peruanos luchan por sobrevivir, el Gobierno encuentra tiempo —y recursos— para duplicar el sueldo presidencial. Y cuando se les exige explicaciones, sus ministros desaparecen. El Congreso los busca, el pueblo también.

Si algo está claro en el Perú, es que la política nunca decepciona… en escándalos. Mientras la inseguridad consume barrios, el hambre acecha ollas comunes y la minería ilegal devora bosques, el Ejecutivo ha tenido una prioridad clarísima: aumentar el sueldo de Dina Boluarte de S/ 16,000 a S/ 35,568.

Y cuando el Congreso, en un rapto de lucidez, decide pedir cuentas, los ministros Eduardo Arana y Raúl Pérez Reyes juegan a las escondidas. No asoman ni la nariz. El país pide respuestas. El Gobierno ofrece mutismo.

La historia raya en lo grotesco. Un Gobierno con apenas 3% de aprobación —y con suerte— decide que es buen momento para duplicar el ingreso presidencial. Como si la popularidad pudiera comprarse a golpe de planillas.

El presidente de la Comisión de Fiscalización, Juan Burgos, ha sido contundente: la ausencia de los ministros “es un atentado contra la transparencia y la rendición de cuentas.” Y tiene razón. Porque mientras los peruanos rascan bolsillos para comprar medio kilo de pollo, el Ejecutivo se otorga aumentos dignos de un CEO de Silicon Valley.

La excusa oficial es que el incremento corrige “distorsiones salariales”. Pero aquí la verdadera distorsión es un Gobierno tan desconectado que cree que un país, donde millones viven con sueldos de hambre, puede digerir sin náuseas que su presidenta gane más de 35 mil soles mensuales.

La interpelación es lo mínimo. Lo justo sería que estos ministros expliquen, cara a cara, por qué se decide un aumento presidencial mientras se mantiene al país en piloto automático, con hospitales desabastecidos, educación en ruinas y la criminalidad devorándolo todo.

No hay explicación técnica que justifique la oportunidad política de semejante aumento. Porque si hay algo que una presidenta con 3% de respaldo debería evitar, es precisamente regalar munición a su propio descrédito. Pero claro, en Palacio parecen pensar que las cifras de pobreza se solucionan con silencios oficiales y notas de prensa tibias. Lo de gobernar, ya se verá después.

No se trata solo de dinero. Se trata de la poca vergüenza. De un Gobierno que se da aumentos mientras el país se cae a pedazos. De ministros que creen que con ausentarse del Congreso basta para esquivar el escrutinio.

Que vayan y hablen. Que respondan. Que asuman el costo político de sus decisiones. Porque mientras sigan callando, la única certeza es que la distancia entre el Ejecutivo y la gente crece tanto como la planilla de Palacio.

Reflexión Final
En democracia, el silencio no es virtud. Es complicidad. Si el Ejecutivo tiene plata para duplicar sueldos, debería tenerla para responder preguntas. Y si no quieren hablar, que recuerden que los micrófonos, tarde o temprano, los alcanzan.
Porque en Perú, hasta el silencio termina gritando.

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