Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Gianni Infantino se sube a un atril en Nueva York, rodeado de leyendas retiradas y flashes, y proclama al mundo que el Mundial de Clubes 2025 ha sido “un éxito”. Es difícil decidir si reír o llorar. Porque mientras él saca pecho y presume ingresos de más de 2,100 millones de dólares, los estadios lucen medio vacíos, las entradas se regalan y los futbolistas terminan exhaustos. Bienvenidos al fútbol versión Infantino: un espectáculo diseñado para enriquecer arcas y matar el alma del deporte.
Veamos los “logros” de este supuesto éxito. En lugar de tribunas llenas de pasión, el Mundial de Clubes dejó gradas semivacías y boletería en rebaja. Basta con mirar el MetLife Stadium, sede de la final entre Chelsea y PSG, donde las entradas pasaron de casi 400 dólares a 200… y todavía siguen bajando. Ni regalando tickets lograron llenar estadios. Eso sí, Infantino se consuela diciendo que prefiere “35 mil personas en un estadio de 80 mil que 20 mil en uno pequeño”. Hermosa lógica: cemento vacío, pero en gran escala.
¿Y el show futbolístico?. Equipos goleados 10-0, encuentros sin historia y partidos que parecían amistosos de verano. Aficionados desconectados y jugadores al borde del colapso por temperaturas de casi 40 grados. Tanto que hasta hubo ventiladores en los bancos y paradas constantes para que los futbolistas no se desplomaran. Pero, para Infantino, todo está bien porque “mañana tendremos entre 2 y 3 mil millones de espectadores en todo el mundo”. Ah, claro. Si sumas clicks casuales en redes sociales, todo suena gigantesco. Aunque nadie lo haya visto completo.
La cereza del pastel: Donald Trump, invitado VIP a la final. Porque si algo faltaba en esta tragicomedia era el expresidente estadounidense, artífice de políticas migratorias que provocaron tensiones durante el torneo. Pero Infantino, siempre diplomático, le agradeció públicamente “a él y a su equipo, que han estado fantásticos”. Porque en la FIFA, la neutralidad política es solo un eslogan… hasta que aparece un aliado con poder.
Mientras tanto, Infantino presume que el torneo ya es “la competición más exitosa del mundo”. Difícil creerlo cuando Real Madrid, único equipo que agotó entradas en sus partidos, quedó fuera en semifinales… y, de pronto, la reventa se llenó de boletos que nadie quiere para la final.
No, señor Infantino: el Mundial de Clubes no fue un éxito. Fue un monumento al negocio mal entendido, un show que sacrificó el espíritu competitivo en el altar de las ganancias rápidas. Estadios vacíos, jugadores al límite, partidos sin atractivo y entradas regaladas son prueba de un fiasco rotundo. Si esto es el ensayo para el Mundial 2026, que alguien prenda las alarmas.
Reflexión final
Porque el fútbol no vive de balances ni de discursos grandilocuentes. Vive de pasión, de hinchas que gritan hasta quedarse sin voz y de partidos jugados a cara o cruz. Y mientras Infantino siga creyendo que los millones pueden comprar emoción, solo seguirá llenando cuentas bancarias… y vaciando estadios. Señor Infantino, los números pueden impresionar en un PowerPoint, pero el alma del fútbol no se finge. Se siente. Y esta vez, ni usted ni sus 2,100 millones de dólares pudieron comprarla.
