Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra.
En un país al borde del colapso, donde la extorsión, el narcotráfico, la minería ilegal, la desnutrición, la violencia y el desempleo juvenil galopan sin freno, el gobierno ha decidido que el verdadero problema nacional no es el crimen, la salud ni la educación. No. Es el uso de banderas en Gamarra y la necesidad urgente —urgentísima— de cantar el himno nacional dos veces al día en los medios de comunicación. Porque claro, nada dice «gestión eficiente» como prohibir el contorno del mapa del Perú en polos de oferta.
Fiestas Patrias se acercan y el Ejecutivo, fiel a su tradición de priorizar lo accesorio sobre lo esencial, nos sorprende con un proyecto de reglamento que limita el uso de símbolos patrios. El Ministerio de Defensa, ese bastión de grandes prioridades nacionales, propone que ya no podamos ver el escudo nacional en una prenda hecha en Gamarra ni una bandera ondeando en un hotel. Tampoco más logotipos con el mapa del Perú. Y para rematar el acto de fe cívico, ahora todos los medios estarán obligados a emitir el himno nacional a las 8:00 a.m. y a las 6:00 p.m., no importa si están transmitiendo noticias o vendiendo licuadoras.
Al parecer, en lugar de enfrentar a las bandas criminales que controlan regiones enteras, el gobierno ha optado por controlar… las banderas. En vez de invertir en campañas contra la delincuencia o programas reales de educación, se opta por una cruzada patriótica de papel, mientras la realidad ruge con violencia en cada rincón del país.
¿Y qué decir del trasfondo?. Con apenas 2% de aprobación (Fuente: Datum), la presidenta Dina Boluarte parece haber descubierto que no hay mejor cortina de humo que una bandera agitada. Si no hay obras, ni resultados, ni seguridad, ni salud, al menos habrá himno. Doble dosis. Patriotismo en estéreo.
Para colmo, la norma también propone prohibir banderas extranjeras en hoteles. Porque, por supuesto, en un país con crisis económica, lo ideal es molestar al turismo. Un huésped internacional que vea su bandera ondeando podrá sentirse bienvenido. Pero no, eso ahora sería un delito decorativo.
La defensa de los símbolos patrios es legítima, sí. Pero querer construir identidad nacional con reglas absurdas mientras el país se desangra es como tratar de apagar un incendio con escarcha. El verdadero respeto a la patria no se impone por decreto, se construye con justicia, con salud digna, con educación de calidad, con seguridad verdadera. Pero esas batallas, al parecer, requieren más esfuerzo que cantar el himno dos veces al día y multar a emprendedores por vender camisetas con el escudo.
Reflexión final
En este Perú de paradojas, los símbolos patrios han sido secuestrados por un gobierno que no puede ofrecer lo esencial, pero sí se obsesiona con lo estético. Ojalá algún día entendamos que amar al país no es prohibir banderas ni repetir canciones, sino garantizar derechos, dignidad y futuro. Hasta entonces, a prepararse para cantar a las 8 y a las 6… mientras el país se cae a pedazos al ritmo del “Somos libres, seámoslo siempre”.
