Fondo 3 de las AFP se hunde en el primer semestre del 2025

En el Perú, el sistema privado de pensiones es una obra maestra del realismo mágico financiero: usted pone el dinero, las AFP lo “administran”, los mercados lo pulverizan y, como epílogo, ellas igual ganan. No importa si el mundo arde, si la economía se derrumba o si usted se queda sin trabajo: la comisión se cobra. Y punto. Lo curioso es que, en medio del peor semestre reciente para los fondos agresivos, el Fondo 3 de Prima cayó casi 10% y aún así las AFP ganaron S/229,58 millones. Negocio redondo: usted pierde dinero y les paga por hacerlo.

La narrativa oficial dirá que el desplome de los fondos es culpa del contexto internacional: que si la guerra comercial entre EE.UU. y China, que si el dólar se debilita, que si Ucrania, que si la inflación global. Y sí, todo eso influye. Pero lo que no dicen es que las pérdidas las asume el afiliado, mientras que las ganancias, incluso modestas, siguen siendo privadas, automáticas y sostenidas con comisiones “intocables”.

La lógica es sencilla: si usted pertenece al 52,7% de afiliados que está entre los 26 y 45 años —es decir, si todavía tiene décadas por delante— sus fondos están mayoritariamente en el Fondo 2, que también tuvo rentabilidad negativa (-0,92%). ¿La explicación?. «Riesgo de mercado». ¿La solución?. Siga aportando.

Ahora, si tiene más de 60 años y está en el Fondo 0, probablemente obtuvo una rentabilidad real de 3,61%. Felicitaciones. Pero no se emocione: eso no compensa años de caídas, inflación y un sistema de salud colapsado que usted igual tiene que pagar de su bolsillo. Porque en el Perú, ni jubilado ni activo, el ciudadano gana. Solo ganan las AFP.

El portafolio total administrado suma S/113,500 millones. De ese total, el 65% está en el Fondo 2, y en él, dos grandes jugadoras: Integra y Prima, que concentran el 66% del dinero. Pero si usted esperaba que esa concentración generara más eficiencia o protección, se equivocó de país. Aquí lo que se concentra no es la rentabilidad, sino la vulnerabilidad de millones frente a un sistema financiero diseñado para protegerse a sí mismo.

Y si quiere mirar a largo plazo, los datos no consuelan. En 10 años (2015-2025), el Fondo 3 acumuló un insignificante 1,35% de rentabilidad real. El Fondo 1 apenas 1,82%. El Fondo 2, con suerte, llegó al 12,24%. Pero ojo: eso no es lo que gana usted, sino lo que gana su fondo. Y entre inflación, cobros y cambios de valor, su rentabilidad personal puede ser más simbólica que su jubilación.

Las administradoras, en cambio, no se arrugan: Prima pierde -9,73% en el Fondo 3, pero la empresa como tal sigue reportando utilidades. Un modelo que merece ser estudiado en Harvard: rentabilidad garantizada incluso en contexto de fracaso estructural.

El sistema privado de pensiones en el Perú es eficiente, pero solo para sus operadores. No importa que usted tenga menos en su fondo que hace un año; lo importante es que ellos hayan cobrado sus comisiones religiosamente. No importa que millones no entiendan qué fondo tienen ni por qué su rentabilidad es negativa; lo importante es que los balances institucionales cierren en azul.

Mientras las autoridades miran a otro lado, la ciudadanía sigue atrapada en un contrato de adhesión donde no hay salida digna: si quiere retirar su dinero, lo bloquean. Si quiere cambiar de fondo, lo enredan. Si quiere que alguien rinda cuentas, descubra que la SBS solo regula, pero no se responsabiliza. Eso sí, todos los meses, el descuento llega puntual como himno nacional.

Reflexión final
Más de 10 millones de afiliados siguen entregando sus ahorros a un sistema que les promete un futuro cada vez más incierto, pero cobra como si asegurara el paraíso. En este país, ahorrar para jubilarse parece más una penitencia que una inversión. Y mientras usted sigue esperando un mínimo de justicia previsional, las AFP siguen contando billetes, una comisión a la vez.

Tal vez ya es hora de dejar de agradecer por las migajas y empezar a exigir que la vejez no sea el castigo por haber confiado en un sistema que nunca tuvo la intención de protegerlo.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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