Petroperú se debate en crisis y no quieren bajar suculentos sueldos

Mientras el país se desangra entre la inseguridad, la informalidad y la corrupción, en las oficinas alfombradas de Petroperú —esa joya estatal que acumula pérdidas como si fueran medallas— el directorio vive en su propia realidad. Una realidad donde ganar S/ 29,000 mensuales en medio de un déficit de 1,200 millones de dólares no solo es justificable, sino casi heroico. Porque, claro, ¿qué mejor momento para defender sueldos astronómicos que cuando la empresa que administras se tambalea al borde del abismo financiero?.

Y como si eso no bastara, el presidente del directorio, Alejandro Narváez, nos regala una frase digna de antología: “No tendría mucha lógica bajarse el sueldo”. No, claro. Lo lógico sería que el país siga costeando el club VIP de los gerentes mientras miles de peruanos no saben si podrán pagar el pan o el pasaje del día. Y por supuesto, ni rastro de Dina Boluarte, que ni se entera, ni interviene, ni parece saber qué diablos está ocurriendo en su propio gobierno. ¿Para qué molestarse en gestionar, cuando se puede mirar para otro lado?.

Petroperú acumula pérdidas como un coleccionista de fracasos. Pero sus altos funcionarios viven como si estuvieran a la cabeza de una petrolera noruega en plena bonanza. El argumento es tan viejo como descarado: “la responsabilidad es grande, por eso el sueldo también”. Con esa lógica, un cirujano que mata al paciente debería recibir un bono. El presidente del directorio cobra S/ 29,000 al mes, los directores S/ 13,500, y el gerente general S/ 26,726. Todo esto mientras la empresa no puede cubrir su capital de trabajo y debe rogar por más oxígeno financiero. ¿No se suponía que la austeridad debía empezar por casa?.

Narváez asegura que Petroperú factura entre 4,500 y 5,000 millones de dólares al año, como si eso justificara que el barco se hunda mientras el capitán cena langosta. El déficit no es un detalle menor: 1,200 millones de dólares es más que el presupuesto anual de varias regiones del país. Pero lo que realmente indigna no es solo la cifra, sino la actitud. No hay un gramo de autocrítica, ni una pizca de vergüenza pública. “Yo solo recibo 12 sueldos, no tengo CTS ni vacaciones”, se lamenta Narváez, como si el Perú fuera a organizar una teletón en su nombre.

Y mientras tanto, ¿la presidenta Dina Boluarte?. Bien, gracias. En silencio, como si Petroperú fuera una entidad extranjera. La misma presidenta que prometía transparencia y eficiencia, ahora desaparece cada vez que el escándalo toca a la puerta de su gobierno. Total, si no haces nada, nadie puede culparte de hacerlo mal. El Congreso también guarda silencio, como si el festín estatal no mereciera ni una moción de interpelación. Estamos gobernados por espectros que cobran como ejecutivos, pero gestionan como hologramas.

Lo de Petroperú no es una anécdota: es una fotografía en alta resolución del Perú de hoy. Una empresa quebrada que premia a sus gerentes con sueldos de lujo; un gobierno que no actúa; una presidenta que no opina; un Congreso que no fiscaliza. Y millones de ciudadanos mirando desde abajo, con rabia, impotencia y resignación. El mensaje es claro: si quieres ganar bien en el Perú, no emprendas, no innoves, no trabajes duro. Solo consigue un puesto en una empresa estatal en crisis.

Que nadie se sorprenda si, en unos meses, nos anuncian un nuevo rescate financiero para Petroperú. Y que tampoco sorprenda que los mismos de siempre salgan ganando, mientras usted y yo seguimos pagando la cuenta con impuestos, gasolina cara y servicios públicos de tercera. Así funciona este país: los errores se socializan, pero los privilegios se blindan.

Reflexión final
No se trata solo de sueldos, se trata de ética, coherencia y decencia. Si el Perú aspira algún día a salir del hoyo moral en el que está hundido, necesita líderes que den el ejemplo, no que se escondan detrás de tecnicismos o leyes convenientes. Porque cuando una empresa estatal pierde miles de millones y sus directivos siguen cobrando como si nada pasara, el mensaje que se envía al país es brutalmente claro: aquí no importa gestionar bien, lo que importa es saber mantenerse en la cima del privilegio, aunque todo se esté cayendo a pedazos.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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