Récord de homicidios durante el gobierno de Dina Boluarte

Mientras la Plaza de Armas se engalana con luces, conciertos y tanques reciclados para las Fiestas Patrias, el verdadero desfile nacional lo encabezan las cifras de muerte. Cerca de 5 mil homicidios han marcado el gobierno de Dina Boluarte desde diciembre de 2022 hasta julio de 2025. Y aunque parezca inverosímil, el récord no lo ostenta un capo narco, sino la presidenta más impopular del planeta, quien gobierna —o al menos eso dice— desde la comodidad del piloto automático. ¿El plan?. Llegar al 28 de julio de 2026. ¿La estrategia?. Ninguna. ¿Las consecuencias?. Un país secuestrado por las mafias, las balas y la desesperanza.

Desde que Boluarte asumió el poder tras la debacle de su antecesor, el Perú entró en un tobogán de sangre sin frenos ni barandas. 4.902 homicidios, según el Sistema Nacional de Defunciones (SINADEF), convierten a su gestión en la más violenta de la historia moderna del país. Traducido al idioma del ciudadano de a pie: 5.1 asesinatos por día, todos los días, sin descanso, sin pausa y sin reacción del Estado.

Mientras tanto, Dina continúa su letargo palaciego, aferrada a la silla presidencial como quien espera el último tren sin importar cuántos cadáveres se apilen en el camino. El país no tiene un plan nacional contra la extorsión, ni estrategia de seguridad ciudadana, ni política preventiva. Lo que sí tiene es minería ilegal operando como Estado paralelo, extorsionadores cobrando cupos a vista y paciencia, y sicarios operando como si fueran deliverys del crimen.

La violencia se ha instalado en los mercados, en los paraderos, en los colegios, en las bodegas, en los bancos, en la puerta de tu casa. Los ciudadanos ahora usan silbatos, códigos secretos, o simplemente rezan antes de subirse a un micro. Porque salir a la calle es una ruleta rusa: hoy compras pan, mañana puedes ser titular.

El impacto psicológico ya es otro capítulo de esta tragedia nacional. El psicólogo Jorge Yamamoto lo dijo sin rodeos: vivimos entre la ansiedad y la resignación. Nos estamos acostumbrando a convivir con el miedo como parte del desayuno. Nos encerramos no por pandemia, sino por sobrevivencia. Nos adaptamos, porque el gobierno no actúa. Nos angustiamos, porque no vemos futuro.

Y lo peor es que ni el Congreso ni el Ejecutivo parecen tomar nota. Mientras José Jerí se sienta en la presidencia del Parlamento como si liderara una cofradía de inoperantes blindados, el país se desangra. La gobernante, por su parte, solo emite comunicados, celebra desfiles simbólicos y distribuye culpas con puntualidad burocrática.

¿Y después de cinco mil muertos qué?. Nada. Seguimos sin estado de emergencia real, sin reformas policiales, sin inteligencia operativa, sin inversión significativa en seguridad ni salud mental. Solo tenemos declaraciones vacías, cifras alarmantes y un gobierno más interesado en sobrevivir políticamente que en proteger a su pueblo.

Dina Boluarte no está gobernando. Está resistiendo. Y mientras ella cuenta los días para llegar al 28 de julio de 2026, nosotros contamos los muertos.

Reflexión final
En tiempos normales, un récord de homicidios bastaría para provocar renuncias, movilizaciones, reformas drásticas. Pero en el Perú del 2025, ese récord apenas genera indiferencia institucional y resignación ciudadana.
Nos hemos convertido en un país que naturalizó el asesinato, porque desnaturalizó la autoridad. Y esa, señora Boluarte, será su verdadera herencia patria: una nación a la deriva, gobernada por el miedo y custodiada por el silencio.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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