En un país donde el crimen organiza mejor que el Estado, la presidenta Dina Boluarte encontró un rayo de luz en medio del apagón de su gestión: el sol peruano, no el del cielo, sino el monetario. Con 1.3% de aprobación (sí, también en caída libre), decidió subirse al podio de los logros y gritar a los cuatro vientos que el Perú tiene la moneda más sólida de la región. Pero, ¿es mérito de su Gobierno o de un Banco Central que opera con piloto automático desde hace décadas, a pesar de los presidentes?.
Como si el tipo de cambio fuera un escudo que protege del sicariato, la minería ilegal o la extorsión que gobierna desde los barrios hasta el Congreso, Boluarte presume estabilidad mientras todo lo demás se desmorona. Porque claro, si el país se cae a pedazos, al menos tenemos un sol fuerte para comprar una vela.
La presidenta, en su reciente discurso por Fiestas Patrias, celebró con entusiasmo el fortalecimiento del sol peruano: inflación controlada, reservas internacionales récord, y confianza de inversionistas. Un logro, según ella, producto de “la estabilidad política” y del “clima de negocios seguro” que su Gobierno ha construido. ¿En qué país vive?. ¿Y por qué no avisa cuando lo visita?.
La realidad es otra. La solidez del sol —valga la ironía— no tiene nada que ver con la gestión de Boluarte. La moneda se mantiene gracias a la autonomía técnica del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), esa rara isla de profesionalismo en medio del océano de improvisación institucional. El BCRP (Julio Velarde) ha logrado anclar la inflación, manejar con pericia la política monetaria, intervenir en el mercado cambiario sin sobresaltos y acumular reservas. Y lo ha hecho a pesar del Gobierno, no gracias a él.
Dina Boluarte, sin plan de gobierno, sin políticas públicas claras y rodeada de escándalos, quiere vestir el traje del éxito económico que no le pertenece. Mientras tanto, el país sigue secuestrado por bandas delictivas, el sicariato ha reemplazado al orden público, la minería ilegal ha capturado regiones enteras, y el narcotráfico opera con la eficiencia de una multinacional.
Los hospitales colapsan, los profesores trabajan en emergencia, los niños enfrentan la desnutrición con lápices rotos, y las bandas criminales cobran impuestos en barrios donde ni la policía ni el Estado llegan. ¿De qué sirve tener una moneda sólida si el país se ha vuelto ingobernable? Dina Boluarte intenta vendernos que el sol fuerte es señal de un país robusto, pero lo que tenemos es una economía que resiste mientras el Estado se derrumba.
Y eso sin hablar de los “logros” en infraestructura: aeropuertos que no despegan, complejos policiales que no se construyen, y promesas que no se ejecutan. La presidenta tampoco habló del eterno Chinchero, ese aeropuerto que lleva 24 años esperando la primera llamada de abordaje. Eso sí, hay agencia de viajes para ella y su comitiva: Asia, Europa, y América… todo cubierto, mientras el país arde.
Dina Boluarte pretende colgarse la medalla de una moneda estable como si eso borrara su gestión fallida. Pero el sol peruano brilla con luz propia, gracias al Banco Central, no al Ejecutivo. El mérito es técnico, no político. La presidenta puede recitar cifras, pero el país siente otra cosa: miedo, inseguridad, frustración y abandono.
Una economía sólida no sirve de mucho si está encerrada en una bóveda mientras la calle la gobiernan las mafias. Y es exactamente eso lo que vivimos: una fantasía macroeconómica en medio de un infierno cotidiano. El Perú de Boluarte no es el de los indicadores internacionales, es el de las balaceras, los extorsionadores y las promesas sin cumplir.
Reflexión final
El Perú tiene una de las monedas más fuertes de la región. Pero también tiene una de las presidencias más débiles del mundo. Y esa combinación, aunque suene sarcástica, es trágicamente real. Porque el BCRP puede estabilizar la economía, pero no puede gobernar el país que Boluarte ha dejado caer. Y si lo único que Dina tiene para mostrar es el tipo de cambio, entonces ya no estamos en crisis: estamos en saldo negativo.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
