En un país donde la corrupción se multiplica, la violencia se divide entre regiones y el Estado resta oportunidades, era lógico que tarde o temprano una tabla de multiplicar se convirtiera en tema de debate nacional. Y, como no podía ser de otra forma, el protagonista es César Acuña: político, doctorado, empresario educativo y ahora mártir de las matemáticas. Esta vez, el escenario no fue una plaza pública ni el Congreso, sino un streaming en vivo conducido por el influencer Cristorata. La pregunta: ¿cuánto es 7×8? La respuesta: silencio… y luego una tesis digna de una tesis… que tal vez no escribió.
César Acuña no cayó en la trampa. No porque no supiera la respuesta —según él—, sino porque no iba a permitir que “un joven” lo usara para la risa fácil. “Como no soy corrupto, me hacen memes”, sentenció, convirtiendo un traspié aritmético en una teoría conspirativa mediática. El Perú entero hizo lo que sabe hacer mejor: convertir un desastre político en espectáculo viral.
La escena fue una joya audiovisual: Acuña, invitado al canal de streaming del popular Cristorata —influencer con miles de seguidores entre los más jóvenes—, es sorprendido por una pregunta que muchos aprendieron en segundo de primaria: “¿cuánto es 7 por 8?”. Silencio. Gestos. Una pausa infinita. Y luego, nada. No respondió. La internet hizo el resto.
Pero en lugar de admitir que tuvo un lapsus o que simplemente no quiso jugar, el líder de APP decidió construir su defensa sobre una montaña de victimismo. “Lo vi como una burla”, dijo. “¿Cómo iba a caer en el juego de un joven?”, añadió, como si el problema no fuera la respuesta, sino la osadía del entrevistador. De pronto, la multiplicación pasó a ser un atentado contra su integridad académica.
Lo más irónico es que Acuña, dueño de universidades y autoproclamado académico de prestigio, no haya visto venir que en un espacio juvenil y relajado como el de Cristorata, cualquier cosa puede pasar. Pero no. Él prefiere ver fantasmas mediáticos donde solo hay anécdotas virales. Y así, se desata una nueva oleada de memes, risas, críticas y teorías sobre cuánto daño puede hacer un “7×8” mal contestado.
Por si fuera poco, mientras la opinión pública se entretenía con este nuevo blooper, su gestión regional adjudicaba más de 300 millones de soles a una empresa sin experiencia, liderada por una joven universitaria de 23 años. Pero, claro, eso no merece titulares. Mejor hablar de multiplicaciones.
Acuña sostiene que como no pueden encontrarle casos de corrupción, se ensañan con sus errores verbales. Pero alguien debería recordarle que los cuestionamientos a su gestión, sus contratos y su historial político no son precisamente una invención de TikTok. La indignación no se fabrica: se gana. Y en su caso, se multiplica con cada declaración que intenta justificar lo injustificable.
El incidente de “7×8” es un síntoma más de una clase política que ya no necesita ideología ni propuestas, sino viralidad. Acuña, al igual que muchos de sus colegas, ha entendido que en este nuevo ecosistema de redes e influencers, la imagen vale más que el contenido, y que un error puede ser más recordado que una ley.
Cristorata, sin quererlo, puso a prueba al político con una operación básica, y el resultado fue una radiografía cruda de lo que es hoy la política peruana: más preocupada por justificar el meme que por resolver los problemas reales. Mientras tanto, la educación pública agoniza, la corrupción se normaliza, y nuestros representantes siguen creyendo que no robar es suficiente para gobernar.
Reflexión final
En el Perú de hoy, donde un influencer pone en aprietos a un líder político con una pregunta de segundo grado, lo que está en juego no es una multiplicación, sino la credibilidad. Y si César Acuña cree que la honestidad lo exime de demostrar competencia, entonces que se prepare para más memes… y menos votos. Porque si no sabemos cuánto es 7×8, tal vez tampoco sabemos cuánto cuesta permitir que nos sigan gobernando con esa fórmula: menos contenido, más excusas.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
