Boluarte planifica viaje mientras que el país colapsa

Mientras las sirenas suenan por los barrios convertidos en tierra de nadie, mientras madres lloran frente a hospitales sin camas ni medicinas, mientras los jóvenes buscan empleo en portales fantasmas, la presidenta Dina Boluarte… hace maletas. En un país que grita por auxilio, su máxima autoridad prefiere volar. Así, como si nada. Como si gobernar fuera una obligación menor frente a un itinerario internacional de lujo. Japón e Indonesia serán sus próximos destinos, aunque aquí, en el Perú real, ni siquiera haya destino. Solo caída libre.

La situación no puede ser más desoladora. El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) ha confirmado que más de 100 mil jóvenes han perdido sus empleos en lo que va del año. La desocupación juvenil en Lima ha crecido un 8,4 % y el subempleo ya alcanza niveles de posguerra. Mientras tanto, ¿qué responde el Ejecutivo?. Nada. O mejor dicho: responde con una solicitud de viaje a Asia, donde al parecer se solucionan los problemas nacionales con sushi y reuniones diplomáticas sin resultados.

La tragedia es múltiple. El crimen organizado ha tomado las riendas de barrios enteros, con alcaldes asesinados, comerciantes extorsionados y ciudadanos aterrados. Según el Mininter, más de 5 mil denuncias por extorsión se han presentado en el primer semestre de 2025. ¿Y la presidenta?. En piloto automático. El único plan de seguridad parece ser el de vuelo.

Y no solo es la seguridad. Los hospitales públicos están colapsados, el desabastecimiento de medicinas es crónico, y las unidades de oncología pediátrica y enfermedades raras siguen esperando un presupuesto que nunca llega. Pero eso sí, el Ministerio de Defensa ya anunció la compra de aviones de guerra por más de 3.500 millones de dólares. En Perú, es más fácil adquirir misiles que aspirinas.

Y si de prioridades hablamos, esta presidenta tiene claro que primero va ella. Porque mientras la mayoría del país vive con menos de S/ 20 diarios, Dina Boluarte pasó de ganar S/ 15,600 a S/ 35,568, un incremento aprobado por su propio Ministerio de Economía. Según la última encuesta de CPI, el 98.2 % de los peruanos está en contra. La cifra lo dice todo. Este no es solo un gobierno impopular: es una administración que ha perdido toda legitimidad moral.

Lo más insultante no es el abandono, sino la pretensión. En su reciente discurso por Fiestas Patrias, la presidenta leyó —durante más de cuatro horas— un texto vacío, plagado de generalidades, imprecisiones y promesas recicladas. No dijo nada sobre cómo enfrentará el hambre, el desempleo o la inseguridad. Pero claro, tampoco habló del caso Rolex, ni de sus cirugías con dinero público, ni de los procesos fiscales que se acumulan como las carpetas escolares en aulas sin techo.

El Perú no tiene presidenta. Tiene una viajera frecuente con rango de jefa de Estado. Dina Boluarte ha hecho del escapismo una política de gobierno. Y mientras ella se aleja, el país se desangra. Porque no hay liderazgo, no hay estrategia, no hay empatía. Solo hay ausencias, aumentos de sueldo, operativos de maquillaje político y una población que resiste con lo poco que le queda: su indignación.

Reflexión final
Gobernar no es leer discursos eternos ni firmar convenios en Tokio. Gobernar es enfrentar los problemas, dar la cara, tomar decisiones valientes. Pero Dina Boluarte ya renunció a gobernar. Ahora solo administra su permanencia. En un país tomado por la violencia, el desempleo y la desesperanza, ella prepara maletas. Tal vez para su próximo viaje. Tal vez para pedir asilo. Porque si algo tiene claro esta presidenta, es que después de esto, en el Perú ya no tendrá a dónde volver.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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