Rafael López Aliaga anuncia marcha contra gobierno de Dina Boluarte

La última estación de la política peruana se llama caos. Y como no podía ser de otra forma, el tren Lima–Chosica, prometido como solución al eterno drama del transporte en la capital, se ha convertido en la nueva víctima del ego político y la incompetencia compartida. Esta vez, Rafael López Aliaga amenaza con movilizar al pueblo contra el gobierno de Dina Boluarte porque el Ministerio de Transportes ha declarado “inviable” su tan publicitado proyecto. Y es que en el Perú, no hay proyecto técnico que resista un juego de poder.

Pero esta columna no es para llorar por un tren que nunca salió de la estación, sino para evidenciar —con sarcasmo incluido— cómo la señora presidenta y su ministro de Transportes, César Sandoval, han logrado, una vez más, sabotear cualquier atisbo de progreso, no por principios, sino por intereses.

La presidenta Dina Boluarte —quien en su último mensaje habló de aeropuertos inexistentes, obras fantasmas y proyecciones infladas— no dijo una sola palabra sobre el tren Lima–Chosica. ¿Por qué lo haría?. Si no es obra suya, no cuenta. Si no puede cortar la cinta, no existe. El silencio de Boluarte no es casual, es estrategia: el Perú solo avanza si ella puede ponerle su firma.

El ministro Sandoval, por su parte, ha asumido el papel de escudero obediente. Califica el proyecto de “inviable”, sin presentar públicamente los estudios técnicos que lo desestiman. En lugar de responder con argumentos, entra en pelea de callejón con el alcalde de Lima, lo llama mitómano y se ofende como adolescente herido. Mientras tanto, la ciudad se sigue moviendo en combis asesinas y pasajeros colgados de las puertas.

López Aliaga lo acusa de haber visitado su oficina varias veces para pedirle ser congresista, luego ministro, luego lo que caiga. Y aunque eso podría ser un escándalo serio, Sandoval no presenta una demanda, ni desmiente con pruebas. Solo dice que todo es mentira. Claro, como en este país las instituciones funcionan por honor y no por evidencia…

El problema no es solo que el tren no se haga. Es que todo proyecto se hunde si no le sirve políticamente a la presidenta o a sus aliados. Dina Boluarte no gobierna, administra silencios, filtra aliados y bloquea a los que no se alinean. El país entero parece condicionado a la lógica de “si no es mía, no va”. Mientras tanto, el ministro Sandoval oficia de fusible técnico: aprieta el botón, corta la energía y después dice que la culpa es del tomacorriente.

El tren Lima–Chosica no se detuvo por razones técnicas: se paralizó por razones políticas. Boluarte y su ministro decidieron que ese proyecto no era conveniente, no porque no sirviera, sino porque no les generaba réditos. El bienestar ciudadano no es prioridad cuando se trata de blindar cuotas de poder, favores y silencios cómplices.

Y López Aliaga,responde con la misma moneda: escándalo, denuncia mediática, amenazas de marcha. En esta pelea, nadie salva el pellejo. Todos se embarran mientras la población sigue atrapada en el tráfico, en la ineficiencia, en la desesperanza.

Reflexión final
La señora presidenta y su ministro no solo paralizan trenes, también paralizan el país. Su gestión es una locomotora sin maquinista: avanza a tumbos, sin dirección y con cada vez menos pasajeros a bordo. ¿Hasta cuándo seguiremos viendo cómo se cancelan los proyectos por celos políticos?. ¿Hasta cuándo un ministro podrá bloquear el desarrollo solo para quedar bien con su jefa?.

El Perú no necesita una marcha. Necesita gobernantes que no vivan de la revancha. Y sobre todo, necesita que la próxima estación no sea el abismo.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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