¡Escándalo! El año pasado Petroperú perdió US$1,500 por minuto

Mientras el país se hunde entre deudas, crimen organizado y hospitales sin insumos, la presidenta Dina Boluarte nos promete un “futuro promisorio” desde el hemiciclo. Prometedor, sí. Como una bicicleta cuesta abajo sin frenos y con los ojos vendados. Pero entre tantas perlas de su mensaje presidencial, una brilló con la intensidad de un incendio: el supuesto resurgir de Petroperú, esa empresa estatal que, como bien ironizó Diego Macera, “perdió el año pasado 1.500 dólares por minuto”. ¿Futuro promisorio? Claro, si el objetivo es hundirnos con estilo.

Hay que decirlo sin rodeos: Petroperú es inviable, incluso para los economistas más optimistas. Lo confirma el propio director del Instituto Peruano de Economía (IPE), quien en entrevista con El Comercio describió con cruda claridad lo que el Gobierno intenta ocultar entre aplausos y papelitos de colores: “Ya no hay una buena salida para Petroperú”. Lo trágico no es solo que no haya salida. Lo trágico es que, mientras todos vemos el fuego, en Palacio siguen echándole gasolina.

La presidenta, en su extenso monólogo de Fiestas Patrias, se animó a pintar a Petroperú como la joya de la corona. Pero la realidad huele a petróleo rancio y deudas impagables. El informe financiero es claro: pérdidas millonarias, operaciones deficientes, deuda externa creciente y una reputación que ni con todo el perfume árabe podría encubrirse. Pero no importa. Aquí no se gobierna con cifras ni resultados: se gobierna con discursos. O al menos, se sobrevive con ellos.

Lo que plantea el Ejecutivo es aún más preocupante: convertir la deuda de Petroperú en una carga nacional. Es decir, como bien satiriza Macera, tratar al elefante borracho de las finanzas públicas como un hijo irresponsable: “si no puedes pagar tu fiesta, tranquilo, el papá Estado te cubre”. Qué bonita metáfora familiar… si no fuera porque los 33 millones de peruanos somos el padre endeudado y Petroperú es el adolescente sin límite de crédito.

Además, más del 43 % de los peruanos cree que Petroperú debe ser privatizada, según Ipsos. Pero en Palacio, parece que las encuestas se leen al revés. En lugar de buscar soluciones reales, la presidenta elige el camino más populista: mantener la ilusión nacionalista de una empresa estatal «estratégica», aunque sus pérdidas sean más consistentes que su producción.

¿Y cuál es la solución que se baraja en el Ejecutivo? Una “reestructuración” que suena más a maquillaje de crisis que a cirugía financiera. La realidad es que ya nadie quiere invertir en una empresa invadida por la política, sin autonomía y con pasivos que superan cualquier proyección racional. Se habla de atraer capital extranjero, quizás saudí, quizás extraterrestre, porque en este punto se necesitaría algo más que fe… se necesitaría un milagro.

Petroperú se ha convertido en el símbolo más puro del Estado clientelista, ineficiente y autoindulgente. Una empresa incapaz de generar valor, pero experta en absorber recursos públicos. Y mientras tanto, la presidenta Boluarte lanza vítores sobre su futuro brillante, como si las cifras fueran un detalle menor. La realidad es contundente: el barco se hundió hace años y ahora lo único que podemos hacer es intentar que el rescate no nos deje en bancarrota.

Reflexión final: No se puede construir país sobre los escombros de una ficción. Petroperú no es soberanía energética, es soberbia burocrática. Y Dina Boluarte, en lugar de enfrentar el colapso con responsabilidad, prefiere seguir alimentando la narrativa del nacionalismo económico, aunque eso implique condenarnos a seguir financiando un muerto con respirador artificial. El petróleo no se ha acabado, pero la paciencia ciudadana sí.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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