Gobierno de Dina Boluarte acumula 4,385 homicidios confirmados

El Perú está sumido en una espiral de violencia que parece no tener fin. Las cifras son tan alarmantes que deberían estremecer hasta al más frío de los gobernantes: 4,385 homicidios desde que Dina Boluarte asumió la presidencia, según el Sistema Informático Nacional de Defunciones (Sinadef). Sin embargo, en Palacio no hay reacción, no hay un plan contra la criminalidad, ni siquiera un mínimo atisbo de voluntad política. La mandataria parece más preocupada por resistir hasta el 28 de julio, esquivando sus investigaciones, sus escándalos y sus propias sombras, mientras el país se hunde en el caos.

El 2024 fue el año más sangriento de los últimos ocho años: 2,070 homicidios, un incremento del 37% respecto al 2023. Hasta julio del 2025, ya se contabilizan 1,272 asesinatos. Los números son fríos, pero detrás de cada cifra hay una historia de abandono estatal: familias que lloran a sus muertos, barrios sitiados por bandas criminales, mercados dominados por extorsionadores y un transporte público que ha perdido más de 30 conductores asesinados por negarse a pagar cupos.

Sicariato, extorsión, narcotráfico, minería ilegal… la lista de problemas es tan larga como la lista de excusas del gobierno. La violencia armada ya representa más de la mitad de los homicidios (52% en 2024), mientras que las denuncias por extorsión superan las 19,000 al año. Las bandas criminales como “El Tren de Aragua”, “Los Pulpos del Norte” o “Los Malditos del Sur” han convertido al país en un tablero de guerra, mientras Boluarte sigue atrapada en su burbuja política.

No existe un plan de seguridad real. No hay una estrategia articulada entre Policía, Fiscalía y gobiernos locales. Ni siquiera se ha planteado una política clara de control de armas o de fortalecimiento de inteligencia. Al contrario, la sensación generalizada es que el crimen ha tomado el control y el Estado apenas sobrevive. La presidenta prefiere dar discursos de horas, llenos de cifras maquilladas, pero incapaces de convencer a un pueblo que vive con miedo de salir a la calle.

¿Y el Congreso?. Socio silencioso del desgobierno. Los 130 congresistas que deberían fiscalizar y exigir resultados se han convertido en cómplices por conveniencia. El pacto es simple: “Tú sobrevives, yo sobrevivo”. Mientras tanto, el Perú retrocede a una época oscura, comparable a los años 80, cuando la violencia terrorista sembraba terror. Solo que ahora, la amenaza no viene de Sendero Luminoso, sino de las mafias que el Estado dejó crecer sin control.

Dina Boluarte pasará a la historia como la presidenta de los récords negativos: el más alto nivel de homicidios, el más bajo índice de aprobación, y la ausencia de políticas que devuelvan un mínimo de seguridad a los ciudadanos. Su gobierno es el retrato de la improvisación: mientras el país exige liderazgo, ella responde con viajes diplomáticos y mensajes interminables que no solucionan nada. La sangre derramada no se borra con discursos.

Reflexión final
El Perú no necesita una mandataria que solo busque resistir, necesita una líder que enfrente la violencia con decisiones firmes y políticas coherentes. Hoy, los peruanos entierran a sus muertos mientras el Estado se limita a dar pésames institucionales. Cada homicidio que se suma es una derrota del gobierno, una evidencia de que el poder no está en Palacio, sino en las manos de las bandas criminales. Y mientras no haya un cambio de rumbo, el país seguirá en caída libre, con o sin discursos de 4 horas.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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