El Perú arde en cada rincón. Las mafias de extorsionadores cobran cupos a plena luz del día, la minería ilegal ha tomado regiones enteras, el narcotráfico se pasea con impunidad, los hospitales colapsan sin medicinas ni personal, las escuelas públicas sobreviven en ruinas y el ciudadano de a pie ya no espera milagros: solo que no lo maten hoy. ¿Y el Gobierno?. Empacando maletas rumbo a Japón e Indonesia, con más de 129 mil dólares en viáticos, sonrisas protocolares y un séquito de ministros decorativos, funcionarios cuestionados y testigos de escándalos. Bienvenidos al reality “Gobernar desde el Duty Free”.
Cuando se habla de crisis, usualmente se piensa en caos. Pero lo del Perú ya es un nivel superior: es la institucionalización del abandono. Dina Boluarte ha superado todas las marcas. Con apenas 2.0% de aprobación (es decir, un error estadístico), ha logrado mantenerse en el poder sin rumbo, sin legitimidad y, lo más grave, sin el menor sentido de urgencia. Porque si el país se hunde, qué mejor que volar lejos y fingir que todo marcha bien.
Esta vez, la presidenta y cinco ministros (sí, cinco) se embarcan a Japón e Indonesia con una delegación que incluye a la ya célebre Carmen Giordano —testigo del caso Rolex—, al secretario general del Despacho Presidencial investigado por encubrimiento, y hasta a “La Sombra”, su escolta favorita para viajes misteriosos. Todo esto con viáticos de 500 dólares diarios por cabeza. Porque al parecer, gobernar el Perú sí deja.
Mientras tanto, el país cae en picada:
-Puerto Inca es ahora capital de la minería ilegal, un narcoestado en plena selva amazónica.
-Los hospitales no tienen ni alcohol, pero se firman resoluciones para pagar vuelos en clase ejecutiva.
-Las escuelas no tienen pizarras, pero el Gobierno sí tiene fondos para que sus funcionarios carguen portafolios vacíos por Asia.
-Las ciudades están controladas por bandas armadas, pero la única prioridad es la agenda internacional de una presidenta sin autoridad.
¿Resultado?. Un país en estado de coma institucional, gobernado por decretos, operado por intereses, y dirigido por una mandataria que prefiere el flash de las cámaras en foros extranjeros antes que enfrentar el desastre que su inacción ha profundizado.
Y no, no es que el comercio con Japón o la cooperación con Indonesia esté mal. El problema es el momento. El problema es la desconexión total. Es la frivolidad de usar fondos públicos para lucir poder cuando en casa no hay ni autoridad, ni moral, ni salud, ni educación.
Este viaje no es una gestión diplomática: es una fuga simbólica. Es la representación más exacta del Perú actual: una elite política que escapa mientras la nación colapsa. Un avión lleno de autoridades sin autoridad, con cargos sin credibilidad, y una presidenta que ya no gobierna, solo sobrevive… entre escándalos y millas acumuladas.
Y lo más insultante: lo hacen con nuestros impuestos. En medio del dolor, la pobreza y el miedo de millones de peruanos, se atreven a levantar la copa en salones de lujo del otro lado del mundo. Mientras aquí, el pueblo reza por una cama UCI o una cita médica que no llegará jamás.
Reflexión final
Dina Boluarte no solo ha roto récords de impopularidad. Ha roto el pacto mínimo entre gobernante y pueblo. Ha renunciado a liderar, pero no a viajar. Ha huido de los problemas, pero no de los privilegios. Y ha demostrado que en el Perú del 2025, el Estado no está ausente: está de tour.
Mientras el país es devorado por la corrupción, las mafias y el desgobierno, el avión presidencial despega con destino incierto… salvo por una cosa: su regreso, como siempre, será con las manos vacías y los bolsillos llenos. Porque aquí, en este Perú en ruinas, la única política de Estado vigente es la del pasaje pagado y el escándalo garantizado.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
