El Perú sangra por todos sus flancos. Comisarías con patrulleros que se apagan en las esquinas, policías rifando canastas para reparar una moto, hospitales sin gasas y colegios con techos que llueven por dentro. Pero mientras la población esquiva balas y extorsiones, los generales de la Policía Nacional —con respaldo ministerial— exigen Audis “de performance” para huir de sus amenazas. Y lo dicen sin temblarles la voz.
Así, con una lógica de vitrina blindada, el alto mando policial justifica que más de 17 millones de soles sean usados para comprar 168 vehículos de alta gama. Porque, al parecer, la criminalidad solo se combate desde un asiento de cuero.
Óscar Arriola, jefe del Estado Mayor de la PNP, fue el vocero del argumento que más ha hecho rechinar los dientes esta semana. Según él, los generales están “amenazados” y por eso necesitan Audis. No chalecos antibalas para los agentes de base, no combustible para las camionetas que patrullan barrios calientes, sino Audis. Porque la seguridad empieza por el confort del comandante.
El problema, sin embargo, no es solo el gasto: es la forma en que este revela el abandono institucional y la desvergüenza del desgobierno. Mientras las bandas organizadas gobiernan regiones enteras y las cifras de extorsión, sicariato y cobro de cupos se disparan, el gobierno de Dina Boluarte sigue sin un plan integral contra la criminalidad. Ni uno solo. Ni una estrategia, ni una política coherente. Solo discursos vacíos y compras millonarias.
Y por si faltara ironía, la compra de estos vehículos de alta gama habría sido financiada con dinero destinado originalmente a los pensionistas de la PNP. Es decir, se le quitó al que ya sirvió al país para premiar al que hoy solo posa.
Según el reportaje de Punto Final, entre los modelos adquiridos hay 120 Toyota Corolla para coroneles, 40 RAV4 para generales y 8 camionetas Audi Q5 para tenientes generales, cada una superando los 200 mil soles. ¿La seguridad de todos? En pausa. Pero la de los altos mandos, blindada a toda velocidad.
Las justificaciones no tardaron en multiplicarse. Arriola afirma que los Audis eran “más baratos que otras marcas” y que desde 2016 se hacen estas adquisiciones. El argumento es tan absurdo como siniestro: como antes también se despilfarró dinero, ahora podemos seguir haciéndolo con tranquilidad.
Pero lo más grave no está en la anécdota: está en lo que revela. La cúpula policial se comporta como una élite ajena a la emergencia que vive el país. Mientras sus bases pelean con lo que pueden, ellos aseguran sus comodidades con recursos públicos, sin escrúpulo ni empatía. Y lo hacen con el beneplácito de una presidenta sin autoridad, sin norte y sin moral política.
El Perú está de cabeza. Tomado por organizaciones criminales, con una ciudadanía que sobrevive entre la violencia, la desprotección y el abandono. Cada semana trae su propio escándalo, y en ninguno hay castigo, ni vergüenza.
Los ministros del Interior validan las compras, la presidenta guarda silencio estratégico, y los altos mandos policiales se victimizan desde los asientos de cuero de sus nuevos Audis. Mientras tanto, el policía de base, ese que pone el cuerpo en las calles, sigue esperando un chaleco en condiciones, una radio que funcione y una patrulla que no se quede sin frenos.
Reflexión final
Dina Boluarte no gobierna: administra el caos desde la indiferencia. Su silencio ante la corrupción, la violencia, la informalidad minera, el desgobierno en salud y educación, y ahora este nuevo escándalo, la retrata como cómplice funcional de un Estado capturado. La criminalidad avanza, la institucionalidad se desploma, y mientras tanto, los generales se desplazan “con performance”, mientras la democracia va en retroceso y la ciudadanía, a pie, en combi o en ataúd.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
