A Boluarte no la ha vacado el Congreso. La ha vacado el pueblo

Vacar presidentes en el Perú ya no sorprende a nadie. Es casi un pasatiempo legislativo, una suerte de ritual cínico en el que el Congreso, ese club de reciclados con ínfulas de salvadores, juega a ser defensor de la democracia mientras protege sus propios intereses. Pero en medio de tanta farsa, emergió una voz desde el Perú que no sale en los noticieros de lujo ni desfila por los sets de TV: la del alcalde de Pataz, Aldo Carlos Mariños, quien cruzó medio país a pie —no para pedir un ministerio, sino para gritar que la vacancia no basta y que el país está podrido desde la raíz.

Mariños fue contundente: “A Dina no la ha vacado el Congreso. La ha vacado la juventud, los transportistas, los pueblos que se hartaron de la indiferencia y el desprecio.” En una sola frase desnudó el cinismo de los congresistas que, como actores de quinta, celebran la caída de Boluarte como si eso fuera un triunfo. No lo es. Porque vacar a Dina no asfaltará las carreteras de Pataz. No construirá hospitales. No revivirá a los muertos de Juliaca. No sacará al Tren de Aragua ni eliminará la extorsión. La vacancia solo cambió un apellido. El hedor permanece.

Y por si fuera poco, Mariños cometió un pecado imperdonable en la política peruana: rechazó postular a la presidencia. ¡Herejía! En un país donde hasta los regidores de provincia sueñan con la banda presidencial, él optó por seguir siendo alcalde. ¿Por qué? Porque su lucha no es electoral. Es humana. No pide votos, exige justicia. No recita slogans, plantea soluciones concretas. Y en ese gesto, puso en ridículo a toda la fauna política que ya afila su disfraz para las elecciones de 2026.

Mientras tanto, los partidos tradicionales —o lo que queda de ellos— redibujan mapas electorales con cautela. Lo ocurrido en Puno, Ayacucho, Apurímac y otras regiones ha sido una advertencia con sangre: no más campañas vacías, no más promesas sin tierra. Las regiones ya no toleran la condescendencia limeña ni el show barato de los candidatos. Y si pensaban aterrizar en helicóptero para una sesión de TikTok, más les vale pensarlo dos veces.

Mariños no vacó a nadie. Solo dijo en voz alta lo que millones sienten: el sistema está roto. Y hasta que no se vacue también al oportunismo, la corrupción y la cobardía política, ningún cambio será real. Cambiar presidentes sin cambiar estructuras es como cambiar de curita en una herida infectada. No sana. Solo disimula.

Reflexión final
Que no se confunda el Congreso: no son ellos los que vacan. Es el pueblo que ya no se traga el cuento. Y si no escuchan, si siguen jugando a los mesías mientras la calle arde, entonces que no se sorprendan cuando las urnas en 2026 ya no pidan salvadores… sino justicia. Porque si Pataz habló caminando, el resto del país puede gritar votando.

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