Elecciones 2026: Partido de izquierda reparte dinero

En el Perú, los discursos se marchitan más rápido que los carteles de campaña. La izquierda moralizadora, esa que juraba representar la ética frente al cinismo de los millonarios de terno, acaba de demostrar que el clientelismo no tiene ideología. En el cerro La Milla, en San Martín de Porres, Unidad Popular, aliada de la coalición “Venceremos”, organizó un concurso de rap… y entregó sobres con dinero en mano. El video, difundido por ellos mismos, es el retrato perfecto del doble discurso: mientras dicen luchar contra la corrupción, reparten efectivo con ritmo y aplausos.

En la escena se escucha: “El ganador se lleva 250 soles. Muchas gracias por su aporte a la cultura.” Y en seguida, el sobre manila pasa de mano en mano como símbolo de un nuevo tipo de clientelismo: el clientelismo progresista. Porque si antes la derecha compraba votos con arroz y polos naranjas, hoy la izquierda compra simpatías con rimas y micrófonos.

El problema no es el concurso; es la hipocresía. La izquierda que se rasga las vestiduras hablando de ética pública, de “dignidad del pueblo”, acaba de copiar el libreto de César Acuña y su infame “plata como cancha”. Solo cambiaron el escenario: del norte soleado de Trujillo al cerro empolvado de Lima Norte. El guion es el mismo, el sobre también.

Lo más indignante es la desfachatez. El video fue publicado en la cuenta oficial del partido, como si regalar dinero en plena precampaña fuera una hazaña cultural. Y cuando la evidencia se viralizó, el líder de Unidad Popular, Duberlí Rodríguez —sí, el expresidente del Poder Judicial—, se lavó las manos: “No sabía nada, voy a pedir información”. En el Perú, nadie sabe nada. Nadie firma, nadie autoriza, pero todos se benefician.

Lo ocurrido en SMP no es un simple error de militantes despistados: es la confirmación de que el sistema político entero vive del engaño. La izquierda predica austeridad, la derecha predica inversión, y ambos terminan repartiendo billetes al pie de un escenario. Cambian los discursos, pero no los métodos.

Y lo más grave: mientras discuten si infringen o no la Ley Electoral, el mensaje a la ciudadanía es devastador. Porque en un país donde la pobreza, la desconfianza y la rabia se mezclan, cada billete entregado en campaña es una cachetada a la inteligencia del votante.

El concurso de rap no fue un acto cultural, fue una parodia política. Una réplica exacta del cinismo de quienes, sin poder ganar por mérito, intentan comprar legitimidad. Y aunque la ley electoral los salve hoy, el descrédito público los condena mañana.

Reflexión final
Ya no hay “izquierda moral” ni “derecha empresarial”: hay un mismo pantano con distintos letreros. El sobre de San Martín de Porres es la metáfora perfecta del país: el político reparte, el pueblo aplaude, y la esperanza se va volando con el polvo del cerro. Porque cuando la izquierda empieza a usar la billetera como argumento, ya no queda nada por defender. Solo el eco vacío de una palabra gastada: “cambio”.

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