Mientras la agenda pública suele girar en torno a crisis políticas y escándalos de coyuntura, en Ayacucho ocurre una historia distinta: la de una región que, con trabajo silencioso y perseverante, se consolida como primer productor nacional de quinua y protagonista en los mercados internacionales. Entre enero y agosto de 2025, el Perú exportó S/ 92,2 millones en quinua, un crecimiento de 11,9 % frente al mismo periodo de 2024. Detrás de ese número hay familias campesinas, organizaciones y empresas que demuestran que el desarrollo es posible cuando se apuesta por calidad, formalidad y comercio justo.
La representante regional de Promperú en Ayacucho, Ángel Enríquez Bautista, destaca que la quinua ayacuchana mantiene su liderazgo gracias a tres factores: calidad del grano, producción orgánica y métodos sostenibles de cultivo. Esa combinación coloca al producto en los anaqueles de Estados Unidos, Canadá, Italia, Reino Unido y España, mercados que exigen trazabilidad y valoran el alto contenido nutricional del grano andino.
En un contexto donde la desigualdad y la indiferencia hacia el campo persisten, el éxito de la quinua ayacuchana es también una lección ética: demuestra que es posible generar riqueza sin sacrificar el territorio ni la dignidad de los productores. Sin embargo, para que este liderazgo sea sostenible, se requiere algo más que buenas cifras de exportación: infraestructura rural, acceso a financiamiento justo, reducción de la intermediación abusiva y políticas públicas que coloquen al agricultor en el centro, no en la periferia del modelo económico.
Ayacucho, además, tiene potencial para diversificar su portafolio con otros granos andinos como la kiwicha, cañihua y targo. Esa diversificación puede blindar a la región frente a la volatilidad de precios internacionales, al tiempo que fortalece la seguridad alimentaria y el empleo local. El reto empresarial es construir cadenas de valor transparentes, donde se respeten los contratos, se pague a tiempo y se eviten prácticas que reproduzcan la injusticia histórica contra el mundo rural.
El avance de la quinua ayacuchana muestra un camino posible para el Perú: pasar de exportar solo materia prima a vender productos de identidad, con valor agregado, certificaciones orgánicas y relato de origen. Cuando el Estado, las empresas y las comunidades se articulan con reglas claras, el campo deja de ser sinónimo de pobreza para convertirse en motor de desarrollo.
Reflexión final
Celebrar el liderazgo de Ayacucho no es solo aplaudir cifras de exportación: es reconocer el derecho de sus productores a vivir mejor, con respeto y oportunidades. Defender la ética en los negocios implica asegurar que cada grano de quinua que sale al mundo lleve, además de nutrición, un mensaje de justicia, inclusión y orgullo andino.
